José Luis Sampedro, Premio Nacional

EXCELENTE NOTICIA: José Luis Sampedro, Premio Nacional de las Letras 2011. Más AQUÍ.












(Imagen: Óleo de Manolo Pardo)

CAFÉ DEL PASAJE Y PASAJE DE MURGA O DEL COMERCIO.

Es seguro que la segunda mitad del siglo XIX fue la época de los cafés. El negocio estaba tan de moda y era tan próspero que se abrieron muchos en Madrid, sobre todo en el centro, tanto en la Puerta del Sol como en sus aledaños o al otro lado de la calle de Jacometrezo, que entonces discurría desde la Red de San Luis hasta la plaza de Santo Domingo y fue la calle que sirvió de guía para la planificación del segundo tramo de la Gran Vía, que se la llevó por delante casi en su totalidad.


De los primeros años 50 del siglo XIX surge el Café del Pasaje de Murga, situado en el Pasaje de Murga o del Comercio de la calle de Montera, entonces número 45; pero, siempre por abreviar, era conocido como Café del Pasaje.


Fotografía: V. Valdés
Pasaje de Murga o del Comercio, en la actualidad.
 
Era un café popular y muy concurrido, alumbrado por lámparas de gas que no transmutaron a eléctricas hasta el 8 de noviembre de 1890, fecha en la que es reinaugurado tras hacer importantes reformas en su local.


Su dueño, el Sr. Montenegro, dio al negocio del café del Pasaje una nueva perspectiva estableciendo los menús de 3 pesetas, que cada día serían diferentes y anunciados en la prensa. Todas las noches un cuarteto musical amenizaba la velada, con el prestigioso violinista Sr. Amato.  


Fuente: B.N.E.
Anuncio en la prensa del menú.

Otras ofertas del café del Pasaje eran su “tente en pie” con vino por 50 céntimos, su auténtico café de Puerto Rico y el chocolate “a lo fransua” también por 50 céntimos, por la mañana y por la noche. En ese momento el Pasaje de Murga ya era el número 35 de la calle de la Montera (en la actualidad se encuentra en el número 33).

Con los primeros años del nuevo siglo XX el café del Pasaje tuvo que cerrar sus puertas dado que ya no estaba de moda. En agosto de 1901 una almoneda de la misma calle Montera anunciaba la venta de “los enseres y del piano Pleyel” del café, convirtiéndose su local en un almacén de mercería.

 
Pasaje de Murga o del Comercio.


Situado actualmente en la calle de la Montera, número 33 y con salida a la calle de Tres Cruces, número 4 fue construido para Mateo de Murga y Michelena (1804-1857) quien, procedente del País Vasco, hizo fortuna con los ferrocarriles cubanos y formó parte de la junta de la Compañía General Española de Comercio, compuesta por grandes  comerciantes al por mayor y al detall, sociedad para la que se abrió este pasaje, a cielo abierto, con el fin de instalar en él un gran Bazar.

Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Acceso al Pasaje de Murga desde la calle de las Tres Cruces.

Mateo de Murga tuvo dos hijos uno de los cuales, José Antonio Benigno de Murga y Reolid (1831-1902) fue el primer marqués de Linares, entre otros títulos nobiliarios y uno de los más ricos hombres del país. En 1873 adquirió los terrenos para edificar el Palacio de Linares, en el paseo de Recoletos (hoy Casa de América), protagonizando una de las leyendas más sonadas del Madrid del siglo XIX que comenzó con la negativa de su padre a la boda con Raimunda Osorio, la hija de una estanquera de Lavapiés. 


El pasaje de Murga o del Comercio, nombre éste último que mantiene en la actualidad, se asienta en lo que anteriormente era un callejón de servidumbre que unía la calle de Montera con la de Tres Cruces, entre pequeñas y antiguas casas de vecindad.

Es en 1846 cuando se comenzó a edificar este Pasaje por el joven arquitecto de la Real Academia de San Fernando, Juan Esteban Puerta. La obra mereció todos los elogios de la prensa del momento por su innovación ya que era el tercer pasaje comercial, tras el de Matheu y el de Iris, que se abría en Madrid a la moda europea.  


El 9 de noviembre de 1847 se inauguró el gran Bazar situado en el Pasaje de Murga –entonces calle Montera, 47 y 49-, con un gran surtido de géneros de todas clases tanto en el piso bajo como en el principal. Los balcones que dan a la galería lucían “ricas y variadas alfombras, vistosos terciopelos, lujosas sedas, chales, cándidos tules, transparentes gasas y un buen muestrario de sólidos calcetines”. Pero fue criticado por no ser un verdadero pasaje, ya que su salida a la calle de Tres Cruces permanecía cerrada imposibilitando así el paso entre las dos calles, al contrario de lo que había sido anunciado con anterioridad. 


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Acceso al Pasaje de Murga desde la calle de la Montera.

El pomposo Bazar cayó en desgracia sólo un año después de su inauguración debido a la quiebra de la Compañía General Española de Comercio y la prensa anuncia, en mayo de 1848, el cierre de estos almacenes y el inventariado de sus efectos. Unos meses después, en marzo de 1849, la Compañía del Comercio quedó disuelta.


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Parte del Pasaje de Murga en la que comienza el patio abierto.

 Muchos fueron los negocios establecidos, a lo largo de los años, en este Pasaje que se deterioró al ser abandonado por la Compañía del Comercio. En 1849 el Estanco Nacional de Tabacos y un gabinete de lectura abren sus sedes. El relojero Benito Morian abre su fábrica en las tiendas números 7 y 8, en el año 1852; también lo hacen una tienda de velas, en 1868 y una solicitada zurcidora. Las librerías de viejo o de lance, proliferaron allí en los años en que la Generación del 98 en pleno (Valle Inclán, Azorín, Baroja) paseaba curioseando a la búsqueda de gangas y rarezas. 


En 1915 el masón y tipógrafo Emilio González Linera, tenía en el Pasaje del Comercio su imprenta. Hombre liberal, difusor del esperanto, cofundador del periódico “Homaro”, fundador de revistas como “Luz Española” (escrita en esperanto y castellano), entre otras publicaciones, editó la “Biblioteca Catón” (1916-1934) que era propiedad de la lógia madrileña Catoniana. 


Tras analizar las causas del fracaso escolar y la gran tasa de analfabetismo en España durante la primera década del siglo XX, esta lógia llegó a la conclusión de que parte del problema estaba suscitado por la inadaptación a las circunstancias de los viejos libros de texto que se utilizaban en las escuelas primarias. Nace así la Biblioteca Catón, que publicaría obras de temática diversa, de espíritu masónico y cuya distribución era gratuita para las aulas. Este trabajo pedagógico se acompañaba de folletos, edición de monografías de todo tipo y de conferencias. 


Dentro de la Biblioteca Catón hay que destacar la colección de los “Cuentos Linera”, escritos en castellano para los niños por Emilio González Linera, desde el año 1913. Cuadernillos de ocho páginas, fácil lectura y con vocabulario usual, incluían moralinas ensalzando la no violencia y la tolerancia, entre otros valores. (“Llorar es afligirse; pensar es resolver”, “Cuando hagas un favor, no se lo digas a nadie”). Eran didácticos y lúdicos, con personajes reales y escenarios muy cercanos a la vida cotidiana de los lectores. Sin héroes fantásticos, los protagonistas son personas reales que viven situaciones muy vinculadas a los niños en las que el bien y el mal siempre se oponen.


Tras la muerte de Emilio González Linera, en 1933, la Biblioteca Catón no tardó más que un año en dejar de existir.






Fuentes: 


Hemeroteca de la B.N.E.

 “La palabra de paso, identidades y transmisión cultural en la masonería de Madrid (1900 – 1936)”. Olivia Salmón-Monviola. (Vista previa).


La ortografía, ese misterio insondable

Cada cierto tiempo me rondan desmanes ortográficos y gramaticales ajenos, como moscones querenciosos atraídos por algún extraño efluvio mío que ignoro. No sé si la causa de tal desazón está en las labores docentes o en una actitud de lector más atento a la letra que a la idea. Por otra parte, he de reconocer que ha de ir uno con pies de plomo al denunciar alguna de estas desviaciones, no sea que alguien esgrima cambios de la RAE a los que aún no me he acostumbrado, como el del célebre adverbio solo, ya despojado definitivamente de la tilde salvo en caso de segura ambigüedad (también llevó su tiempo asumir la misma regla para los pronombres demostrativos). Nadie ignora que la escritura en Internet propicia los errores. De una parte, porque cada cual escribe como sabe o le place; de otra, porque el exiguo teclado de iphones, blackberris y otros dispositivos de comunicación callejera, unido a las prisas de la era informática, ocasiona tanto los despistes de los más letrados, como los errores de los menos duchos en juntar derechamente letras y palabras. Ya lo he advertido en Facebook, donde abundan los "te hecho de menos", los valla (del verbo "ir") y los a parte (como adverbio). No tengo ninguna esperanza de que en tal medio, global para lo bueno y para lo malo, la cosa cambie; más bien irá a peor. Sin embargo, no todo es achacable a la red. En lecturas de los últimos meses, impresas en papel, he visto un uso excesivo de deber + infinitivo (que siempre es obligación) cuando se quería expresar probabilidad o suposición, en cuyo caso yo tenía entendido que siempre debía mediar la preposición de. Pero hete aquí que, vacilante ante tanto uso sin preposición, hago la pertinente consulta en el Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE y me llevo mayúscula sorpresa, pues, según tan docto libro,

deber de + infinitivo. Denota probabilidad o suposición: «No se oye nada de ruido en la casa. Los viejos deben de haber salido» (Mañas Kronen [Esp. 1994]). No obstante, con este sentido, la lengua culta admite también el uso sin preposición: «Marianita, su hija, debe tener unos veinte años» (VLlosa Fiesta [Perú 2000]).


Ante esto, he mirado hacia atrás y revisado los títulos de los libros en los que se deslizaban lo que yo creía errores sintácticos y, ¡ah!, por ser letra impresa con cobertura de cartón y solapas, ya alcanzan el rango de lengua culta. Y claro, ante esto uno calla y piensa que aún le quedan los a parte, a cerca, te hecho de menos, valla con el niño y otras perlas semejantes, hasta que en un día tal vez no muy lejano la RAE dé otra vuelta de tuerca a la ortografía, ese misterio insondable.

Repulsión.


Por Antonio Fernández Munárriz.
Una película inglesa de 1965 dirigida por Roman Polanski. Dura 104 minutos.
Catherine Deneuve interpreta a una joven manicura de clase baja en un centro de estética para mujeres de la clase alta londinense. Vive rodeada de mujeres permanentemente, también en un piso que comparte con su hermana. Incluso es vecina de un convento de monjas.
Su relación con los hombres existe a través de un joven que intenta seducirla, el obrero de la construcción que la piropea y el novio de su hermana. Este último, es un hombre casado.
El conjunto constituye un fresco poderoso de ideas sobre la disfunción sexual. Carol (Catherine Deneuve) no soporta la presencia de los hombres. Poco a poco va sintiendo cada vez más asco. Un trastorno que la encierra en sí misma y en su casa. Aislada y sin un redentor, su locura va en aumento cometiendo asesinatos.
Las campanas y voces que se escuchan desde el convento distorsiona, aún más, la perspectiva de la mente de Carol. Sufre alucinaciones. Las imágenes de su mente se mezclan con las de la realidad: Cine surrealista.
Tres influencias:
La influencia de Alfred Hitchcock, a través de “Psicosis” (1960). La influencia de Luis Buñuel, a través de “Un perro andaluz” (1929), “La edad de oro” (1930), “El ángel exterminador” (1962) y la de Charles Chaplin con su personaje, Charlot.
El primero con su visión del misterio y la locura. El segundo con las imágenes de putrefacción, la navaja, sonido de campanas, diferenciación social y degradación moral y el tercero con una escena donde una amiga imita al vagabundo interpretado por Charlot.
Un compendio de planos de gran maestro nos introducen en la mente de esta desdichada. La ficción de la locura permite conocer mejor al personaje que se despide con una foto de familia, con mirada ausente. Un final que sirvió de influencia para “El Resplandor” (1980), de Stanley Kubrick.
Una forma de mirar que está presente en toda la película: La locura.



Cuentos fantásticos, ¿realidad oculta?

Leo en estos días La realidad oculta. Cuentos fantásticos españoles del siglo XX (Menoscuarto, 2008), la edición preparada por David Roas y Ana Casas. Sin pretenderlo, este título se hermana con mi Zona de incertidumbre. Si este podría ser trasunto del desvalimiento general que nos aflige (aunque ese no es el propósito del título), la antología de Roas y Casas bien podría ser una admonición de la ignorancia impuesta en la que vivimos respecto de los manejos ocultos de las finanzas en este año onceno tan apocalíptico (aunque tampoco ese sea el objetivo del título). Tengo para mí que estamos en una de esas épocas en la historia en la que los mismos que se afanan en advertirnos de la cercanía del abismo, se postulan de inmediato para salvarnos. Y en ese pintarnos negro el horizonte preparan la coartada para sus actuaciones. No dudo de la gravedad de la crisis, como hizo y ha pagado por ello ZP, pero me siento absolutamente desvalido, al arbitrio de personajes que no me merecen confianza, dentro y fuera de España.

* * *
..... Zona de incertidumbre contiene 38 relatos, de los cuales poco más de media docena son microrrelatos. Os dejo el índice y uno de los microrrelatos, que bien podría entenderse como la venganza de quien se sabe condenado al paro prematuramente.

El legado de los cíclopes / El poder de la fe / Amanece un bosque / El inventor de ciudades / Los peligros de la nieve / Trombas pluviales / Del agua mansa te libre Dios… / La habitación de las Musas / El informe / Fonseca, librero de viejo / La cremación / Mors interrumpta / Voces / Ercole en la encrucijada / Magister dixit / Conspiración en la red / Los fantasmas de internet / Presencias / Vecindad / Lisboa /La epidemia / Miradas insólitas / La herencia / El tiovivo / Tres trances con alas ("La estación de las nidadas", "Cita pajarera", "El último afilador") / Los peligros de la nieve / Esaú y los Gamboa / Preludio de otoño / La entrevista / Paulo el Zancudo / La tentación espera arriba / La experiencia / Alfa y Omega / El escritor y los fisgones / La partida / Prometeo el saboteador


EL ÚLTIMO AFILADOR

El último afilador de la historia viaja escoltado por una gran bandada de aves negras. Nadie hasta la fecha ha sobrevivido para contar el porqué de este aéreo y funesto cortejo. Por el camino polvoriento de pueblos y aldeas, o por la carretera asfaltada que penetra hasta el corazón de las ciudades, aparece de repente subido en su vieja motocicleta. El afilador elige espacios abiertos y amplios solares para facilitar la concurrencia total de los vecinos, pone en marcha el motor que hace girar la piedra amoladera y sopla la tramposa siringa. De las chozas, casas, alquerías, tiendas, talleres y hospitales salen personas de toda edad y condición, portando en las manos cuchillos, navajas, tijeras, machetes, hachas, cinceles y bisturíes. Cuando el afilador termina la faena, abandona el lugar y enfila hacia el próximo destino, mientras los buitres ennegrecen el cielo esperando a que la música surta su efecto.

CAFÉ DEL RECREO Y El CINE DE LA FLOR .

El café del Recreo estuvo situado en la calle de la Flor Baja, nº 1. El solar en el que se ubicaba hacía esquina con la calle de San Bernardo y fue absorbido por la construcción de la Gran Vía.

Nota.- La calle de la Flor Baja, antes de la construcción de la Gran Vía, nacía en la de San Bernardo y terminaba en la de Leganitos.

Anteriormente, desde el año 1643, en ese mismo terreno estuvo el convento de los Dominicos de Nuestra Señora del Rosario. Más tarde se levantó el edificio que albergaría al café del Recreo y en 1901, una vez cerrado el café y demolido el inmueble,  parte de este mismo solar fue ocupado por la iglesia de la Compañía de Jesús, incendiada en el mes de mayo de 1931.

Los primeros datos sobre el café del Recreo de la calle de la Flor parten de 1867; antes existieron otros cafés con el mismo nombre, siendo muy famoso el situado en la calle de Alcalá número 9, ya abierto en 1843.

Era el del Recreo un café en el que se hacían pequeñas representaciones teatrales y musicales; las consumiciones daban opción a recibir un billete para asistir a su teatro. Así, como tantos otros del Madrid del último cuarto del siglo XIX, se convirtió en teatro-café tras llevar a cabo importantes reformas en el local.

La compañía formada por Pepe Vallés, Antonio Riquelme, Juan José Luján y Juanita González fueron los primeros en implantar en el Teatro-café del Recreo el teatro “por horas”, lo que permitía hacer cuatro representaciones distintas de una hora cada una, al precio de 1 real. Los chistes atrevidos de estos cómicos constituían una protesta contra la mojigatería de las representaciones en las obras en otros teatros, lo que molestaba a muchos, pero hacía llenar el Recreo diariamente.  Entre otras obras se escenificaron “La pata de cabra” de Juan Grimaldi y “De fusiladores y morcilleros”, encuadradas dentro del género literario  llamado comedias de mágia.

Fuente: Memoriademadrid.es
La ubicación del café del Recreo corresponde con la zona pintada en amarillo.
                                     
El cine de la Flor.

“Me parece estar viendo aquel barracón destartalado, pero que entonces a mí me parecía como una fábrica de cuentos”. Así comienza la descripción del Cine de la Flor Rosario González Truchado, quien de niña llevaba la cena a su padre, taquillero del local, y aprovechaba para ver las películas en cine mudo del programa: "El Zorro", "El Pirata Negro”, "El Fantasma de la Opera" y tantas otras.

Propiedad de Estanislao Bravo el Cine de la calle de la Flor, como se anunciaba entre 1912 y 1917 o el Cine de la Flor, entre 1917 y 1927, estaba situado en el número 24 de la calle de la Flor Baja y ocupaba la parcela que hoy corresponde, aproximadamente, al número 4 de esta calle. Antes de la construcción de la Gran Vía, el terreno del edificio se extendía hasta la calle de San Cipriano, número 1 (calle desaparecida en su totalidad debido a la urbanización de la nueva vía). Fue inaugurado en el año 1910 y desapareció en 1926.    

Fuente: Memoriademadrid.es
Pintado en azul aparece el edificio del "Cine de la Flor" que debería derruirse en 1927.
Plano de demoliciones para la construcción del tercer tramo de la Gran Vía.


La entrada del Cine era de un ancho corriente (2 metros, más o menos) con dos puertas de madera gruesa, como los portales de entonces. A la derecha había una ventana como de 1 metro, que era la taquilla para dos empleados, con un ventilador grandecito para el verano, por supuesto, con muchas cintitas de colores que me llamaban la atención. En el invierno no había ni estufa, ni brasero, ni nada. Los taquilleros estaban con los abrigos puestos, las boinas, las bufandas y guantes viejos con las puntas de los dedos cortadas, a modo de mitones, para cobrar la entrada de 10 céntimos.

Para subir al vestíbulo había seis u ocho escalones de cemento reforzado con borde de hierro, como en el metro, y una barandilla de tubo, igualmente de hierro. Dicho vestíbulo tenía el suelo hecho de tablones de madera y a lo largo de las paredes, bancos corridos.

A mano derecha tres escalones que conducían a lo que llamaban platea y que consistía en 6 u 8 filas de butacas de madera, con sus brazos; el suelo también estaba entarimado y la puerta con una cortina gruesa que preservaba de la luz. Esta localidad era preferente y asistían a ella novios, familias... o sea público más formal, y costaba veinticinco céntimos.

Detrás estaba la cabina de proyección y en un lado había una especie de palco donde algunas veces un señor, al que llamaban “el hablador”,  leía los pocos letreros que entonces había en las películas. En ocasiones se entusiasmaba y explicaba por su cuenta detalles para dar más emoción a la película.

El patio de butacas estaba al final del vestíbulo y tenía dos puertas y aquí había que bajar dos escalones. La pantalla era grande y estaba alta para que no estorbase un espectador más alto a otro más bajo. El suelo era de cemento, ¡y las trifulcas que se armaban!, siempre peleas a porrillo, por cualquier causa: empujones en los bancos, manos largas de algunos que iban a donde no debían, bolsillos vaciados e insultos al operador de la proyección si se cortaba ésta, lo que sucedía a menudo, debido al material que llegaba ya muy gastado”.

Fuente: Nicolas1056
El cine de la Flor en el año 1915.
                                          
“Había chicos vendiendo patatas, bocadillos, bollos, caramelos, etc. que venían del bar que ocupaba la parte izquierda del vestíbulo. En éste cenaban los empleados que comenzaban su trabajo a las 4h. de la tarde y terminaban a la 1h. de la madrugada”.

Estos recuerdos escritos por Rosario González Truchado se sitúan entre los años 1924 y 1926, época en la que aún no se habían producido los derribos de esta zona, que luego sería el tercer tramo de la Gran Vía de Madrid.

Junto al negocio del cine y en la misma manzana había un lavadero utilizado por el vecindario que, abonando pocos céntimos, podía tender la ropa al sol en un espacio habilitado con postes de madera y cuerdas. Anexo a éste existía un aparcamiento de coches de punto o “simones”          .

El café del Recreo y el cine de La Flor no llegaron a coexistir.

Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Aspecto actual de la calle de la Flor baja, que hoy comienza en la calle de Isabel la Católica y acaba en la de Leganitos.

                                        


Fuentes.-
“El cine, la Gran Vía y yo” Autor: Rosario González Truchado.
Hemeroteca B.N.E.
Hemeroteca ABC
 

Pulgasarí, de Shing Sang-ok.


Por Antonio Fernández Munárriz.
Dura 95 minutos. De 1985 y es de Corea del Norte.
Los efectos especiales fueron realizados por los estudios Toho de Japón: Los creadores de Godzilla. La podemos encontrar subtitulada en inglés.
Es la primera película que vi realizada en la República Popular Democrática de Corea. Me cautivó y me abrió la puerta de un cine desconocido y de gran calidad. Después de un visionado general de su cine y ante la escasa (y poco de fiar) información que existe, me animó a escribir un libro que sirve de guía: “El cine de Corea del Norte. Introducción al cine realizado en la República Popular Democrática de Corea”.
La guerra de propaganda entre las dos Coreas contribuye a distorsionar la historia y las noticias. El cine es otra víctima más de este conflicto aún sin resolver.
Una historia con mirada política.
La película está ambientada en la etapa medieval de Corea donde un Rey y la aristocracia tienen sometido al pueblo. Los campesinos sufren todo tipo de humillaciones y en la práctica son esclavos de sus amos. Una clase social minoritaria y privilegiada formada por guerreros y terratenientes.
Un preso, con un puñado de arroz, moldea un pequeño muñeco. Un poco de sangre lo mancha y cobra vida.
Es una metáfora de la Revolución y de la lucha de clases. Idea presente en las producciones de Corea del Norte (la sangre del pueblo oprimido es el germen de la Revolución).
Un mensaje claro en el cine de Corea del Norte: La respuesta ante el capitalismo siempre es la Revolución.
El pequeño monstruo se alimenta de hierro. Crece hasta convertirse en un ser espectacularmente grande y fuerte. Al servicio de los campesinos se enfrenta a los poderosos y vence. Lanzas, cañones e incluso misiles no pueden acabar con él. Se convierte en la vanguardia del proletariado.
Una referencia: La Revolución Rusa.
Pulgasarí es el símil del crucero Aurora. Desde este barco, con su tripulación amotinada, se lanzó el cañonazo que señaló el inicio al asalto del Palacio de Invierno en San Petersburgo. El triunfo de los Bolcheviques en la Rusia de 1917.
El barco también era un gran monstruo de acero, como Pulgasarí. La toma del Palacio de Invierno está ejemplificada en la destrucción de las maquetas de palacios y fortificaciones, en la película.
Visiones de Pulgasarí.
El Presidente del país, Kim Jong Il es un apasionado del cine y participa activamente en las producciones de su país. En esta película fue su productor y es conocido su gusto por las películas de monstruos. Parafraseando una de sus máximas sobre el cine, pues también ha escrito libros sobre la técnica cinematográfica: “El arte en general debe ajustarse a la esencia del socialismo para contribuir a la Revolución”.
“Pulgasarí” se puede ver también de un modo alejado de planteamientos políticos. De esta forma disfrutamos de una nueva versión de Godzilla y siguiendo la crítica general, coincido en destacarla por encima de las películas del monstruo japonés.
Pulgasarí es una película dirigida al público adulto. Con temas comunes en el género pero con un planteamiento más serio y mejor construida. Si en Godzilla hay altos y bajos con partes soporíferas, narración lenta e infantil; esto no ocurre con Pulgasarí. La tensión y la historia mantiene un nivel uniforme.
Como anécdota está la historia de su director Shing Sang-ok  (fallecido en el 2006) y su relación con esta película y otras producciones de Corea del Norte. En una guerra de propaganda con su vecino del sur surgió la historia de su secuestro y el de su esposa por parte de un comando de Corea del Norte con el objeto de dirigir películas en el norte y su esposa de interpretarlas, puesto que es actriz.
Este hecho siempre ha sido desmentido por el gobierno del norte.
De la mano de Pulgasarí es la mejor manera de introducirse en un cine de calidad y prácticamente desconocido en occidente pues no es distribuido y rara vez se presenta en Festivales de Europa.






La mujer del arpa

Sobre la montera del patio golpean las gotas de una lluvia inconstante, a ratos airada, quizás porque no hay lugar para ella en el frío cubo de aire que descansa sobre las grandes baldosas de mármol. Público sobrado para una mañana de tanta grisura. Cristina Montes Mateo acaricia las cuerdas, le crecen las manos, se le alargan los dedos, teje la tela de acordes como una araña refinada. Detras de las notas, once mujeres, once compositoras, cómplices del prodigio, que asienten con la mirada dispuestas a participar del festín que ya acontece. Insectos atraídos por la música alada, vamos cayendo en las cuerdas, quedamos adheridos en los hilos de seda. Mientras tanto suenan, replicando al repiqueteo de la lluvia, Fantasía y recuerdos (María Luisa Ozaita), Luzeulo (Rosa Mª. Rodríguez Hernández), Maktub II (María José Arenas), Brume Grisâtre (Carme Fernández), L'Orfeo.zip (Diana Pérez Custodio), Siete piezas para Ángela (Marisa Manchado), Sobre el tapiz del arpa (Iluminada Pérez), Díptico: dos haikus: Nieve sobre nieve, Incesante nieve (Mercedes Zavala), Caminos rasgados (Dolores Serrano Cueto), Más allá de la noche que me cubre (Laura Vega) y Ser y tiempo (Consuelo Díez). Ha comenzado el IX Festival de Música Española de Cádiz.

El acto de ayer



Ayer presentamos Zona de incertidumbre.
A estas alturas los actos públicos no me imponen, quizás porque he logrado sacar partido al histrión que todos llevamos dentro (y que supongo que exhibo regularmente en la docencia universitaria), pero la afluencia de amigos, familiares y alumnos todavía me abruma. El afecto sí que tiene su efecto paralizador durante unos segundos. Antonio Rivero Taravillo vino desde Sevilla para estar no sólo a mi lado, sino también cerca de otros dos autores gaditanos que tienen su espacio en Paréntesis: Nieves Vázquez Recio y José Manuel Benítez Ariza. Nieves estuvo espléndida, pues trazó la geografía del libro con la pericia de un cartógrafo y con la finura de la gran lectora y escritora que es. El público agradeció que me abriera el camino para hablar de asuntos diversos: la arquitectura del libro, la importancia del título, la presencia de las miradas desde los cíclopes iniciales, la variedad temática y de registros, la literatura fantástica, el realismo, el cuento, el microrrelato, los espacios urbanos, etc. Me acosté con esa placidez que brinda una jornada feliz. Literatura entre amigos. Qué más puede pedirse.

(Fotos: Armando Lara Narbona)

EL CAFÉ DE LA LUNA Y EL TEATRILLO DE BUENAVISTA.

La plaza de Soledad Torres Acosta o plaza de la Luna como se conoce habitualmente, no existió hasta 1969 año en que se derribó el palacio de Monistrol o de Sástago, que de ambas maneras fue conocido según el apellido de los sucesivos propietarios que vivieron en el mismo. Junto con el palacio desaparecieron también las viejas casonas que formaban el callejón de Tudescos, una de las cuales había sido utilizada como hospedaje por el incruento bandolero madrileño Luis Candelas Cajigal (1804-1837).


Fuente: Urbanity.es (Principio de los años 70 del siglo XX).
La fotografía está tomada desde la c/ de Silva y muestra la entrada al aparcamiento que se construyó tras el derribo del Palacio de Monistrol.
                                          
   
El palacio de Monistrol fue construido en el siglo XVII con fachada principal en la calle de la Luna, estando sus laterales en la calle de Tudescos y en la de Silva. En el siglo XVIII fue remodelado para albergar el primer Banco Nacional de San Carlos (antecedente del Banco de España) y en el XIX se abrieron locales a puerta de calle para alquilar, instalándose entre otros negocios el Café de la Luna y el Teatrillo de Buenavista.



El café de la Luna tenía su entrada por el número 11 de la calle que le daba nombre y hacía esquina con la de Tudescos. Ya en el año 1848 hay noticia de su existencia, describiéndolo como un lugar espacioso y agradable que contaba con buenas mesas de billar y una exquisita leche merengada, famosa en todo Madrid.


Fotografía: M.R.Giménez (2011)
Aspecto actual de la plaza. Se ve la cúpula de la iglesia de San Martín y el edificio de los cines Luna, que hace esquina con la Corredera Baja. En el mismo lugar donde hoy está el quiosco y sus sombrillas estuvo el café de la Luna.
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El 17 de octubre de 1864, tras una profunda remodelación, los periódicos anuncian que vuelve a abrirse el café de la Luna; se han tirado los viejos muros que dividían sus dependencias, siendo sustituidos por columnas de hierro colado, tan de moda en todos los cafés de la época, lo que sin duda contribuiría a dar mayor luminosidad al local.



Joaquín Hevia fue creador y dueño del café de la Luna. Era un personaje muy conocido entre los parroquianos de todos los cafés del centro de Madrid, así como entre las muchachas que ejercían la prostitución en la zona, a las que trataba con bastante afecto.   Pero en mayo del año 1890 se convirtió en la víctima del famoso “Crimen de la calle de la Justa” acaecido en el número 30 de la que hoy se llama de los Libreros y antes de la construcción de la Gran Vía fue conocida como calle de Ceres.



Tras el cierre del café un último negocio se ubicó en el local de la esquina de la calle de la Luna con la de Tudescos, antes del ser derribado el palacio de Monistrol: Almacenes Eleuterio. Su publicidad lo subtitulaba “De la Ceca a la Meca” porque tenía otra sucursal en la calle de Fuencarral, número 18, a la que llamaban la Meca. Era propiedad de Eleuterio Martínez y fue inaugurado el 11 de enero de 1909. Los anuncios de la prensa del momento utilizaban como referencia de ubicación, para los clientes de los nuevos Almacenes Eleuterio “Luna, 11, en lo que fue el café de la Luna”. Confeccionaban prendas de vestir, trajes de comunión, vendían tejidos, pasamanería y todo lo necesario para tapizar.


Fuente: Urbanity.es (años 60 del siglo XX)
Fachada del Palacio de Monistrol y su torreón; calle de la Luna esquina con calle de Tudescos. Se aprecia el rótulo de CECA, en la esquina superior izquierda, de los Almacenes Eleuterio.



En la esquina opuesta del palacio de Monistrol, con entrada por la calle de Silva, número 46 se encontraba El teatrillo de BuenavistaBuena-Vista, que de ambas formas solía anunciarse. Fue inaugurado el 14 de noviembre de 1830 por Mr. Pierre de París. Este empresario primero lo había instalado en un local del número 40 de la vecina calle de Jesús del Valle, que pronto quedó pequeño para la gran afluencia de público que congregaba el espectáculo y por ese motivo trasladó su teatrillo a la de Silva, al ser este un local con mayores dimensiones.



En un primer momento era un teatro mecánico que tan sólo abría durante las fiestas navideñas exponiendo un nacimiento con piezas articuladas, no siempre fieles a la historia; de esta manera se veía santiguarse a los pastorcillos que iban camino del Portal o como navegaban fragatas por el río mientras disparaban sus cañones contra el castillo del rey Herodes quien, a su vez, contestaba haciendo fuego con los suyos. Más adelante el espectáculo fue variando los números y, en un anuncio en prensa del 28 de noviembre de 1830 se puede leer que la función consistiría en “bailes de figuras mecánicas y una exposición de tres cuadros en los que se vería la aurora en las cercanías de Ginebra y en la que un cazador mata a un venado, una vista de París y otra de la ciudad y el puerto de Barcelona”. 



En 1832 el pequeño teatro se convierte en otro de grandes dimensiones. Es inaugurado un nuevo teatro Buenavista con capacidad para 296 asientos y un escenario de 21 pies de fondo por 20 de ancho, dedicado a representar obras de teatro y operas italianas. También era alquilado por grupos de actores aficionados, para sus representaciones.

           

Tal vez la proliferación de teatros nuevos en Madrid, elegantes y espaciosos, situados en calles más transitadas en donde ver y dejarse ver, supusieron la caída del Buenavista que cerró sus puertas en la década de los años 70 del siglo XIX. En mayo de 1876 se anuncia la venta de “todo el escenario completo con telones, bastidores, decoraciones, butacas, sillones, sillas y demás mobiliario correspondiente al antiguo teatro de Buenavista, calle de Silva, 46. Portería darán razón”



Fuentes:

Hemeroteca de la B.N.E.
Urbanity.es


Hoy, día de la presentación, Zona de incertidumbre en Diario de Cádiz y La voz de Cádiz.








(Foto: Jesús Marín)

Attack, de Robert Aldrich.

A la izquierda la portada del DVD y a la derecha el cartel original de la película.


Por Antonio Fernández Munárriz.
Director de otro clásico del cine bélico “Doce del Patíbulo”. “Ataque”, a diferencia de “Doce del Patíbulo”, carece de humor y se vuelve acida y oscura hasta su final. Una visión de la vida militar que entronca con “Senderos de Gloria”, de Stanley Kubrick. Donde la injusticia, los mandos necios e inhumanos y la dura vida del campo de batalla es la tónica general en el estamento militar.
Interpretada por los duros Jack Palance y Lee Marvin, nos introducen en un campo de batalla de una Europa bajo la bota nazi.
La historia: El valor.
 Un mando cobarde sacrifica la vida de unos soldados por no arriesgar él la suya. Lee Marvin interpreta a un casi inhumano oficial que mira para otro lado con la intención de conseguir regalías y favores en la futura vida civil, gracias a la influyente familia de este oficial cobarde.
Jack Palance es un heroico soldado que se rebela contra sus oficiales hasta el punto de poner en peligro su vida por defender la de su tropa.
Escenas trepidantes de acción con batalla incluida.
Nos encontramos con finos detalles en la trama para no convertir la historia en una moraleja ni una fabula moral.
 El rango de la sinrazón tiene un antes y un después en la actitud de un ejército que sacrifica a sus mejores hombres con mandos incompetentes. La película no pone en cuestión al ejercito. No es una película pacifista. No pretende moralizar y se limita a contar una historia de heroísmo con un final edulcorado. Los EE.UU estaban inmersos en aquella época en la Guerra Fría y hacía tres años que había finalizado la Guerra de Corea, donde EE.UU se había enfrentado al bloque socialista.

La visión de la guerra.

Una película imprescindible dentro del género bélico. Rodada en blanco y negro que acerca muchas escenas al género documental. Primeros planos de sufrimiento que introducen al espectador en la batalla. Interpretaciones cuidadas con papeles secundarios elaborados y que dan sentido a la historia.
Dura 103 minutos, se estrenó en 1956 y la música es de Frank De Vol. Además de director de orquesta y compositor fue actor. Con Robert Aldrich puso la música a “El vuelo del Fénix” (1965) y “Doce del Patíbulo” (1967).





 
LA GOMA

Una goma de borrar nueva. Grande como una esponja. Una pena estrenarla. Y huele, huele a flores contra la nariz. Ese olor efímero, condenado a perderse con dos borraduras. Con el brazo estirado horizontalmente y la goma entre los dedos pulgar e índice, el niño cierra un ojo y con el otro afina la visión, hace cálculos, mide distancias. Una pena gastarla, pero urge borrar una línea difusa, cuyo trazo muestra roturas y brillos caducos. Comienza por el extremo izquierdo y, con un suave vaivén, va deslizando la goma hacia la derecha. Se anima con el resultado y aprieta, restriega, redondea los cantos perfilados. Al terminar la tarea, se la guarda en el bolsillo y se marcha satisfecho. El mar todavía permanece unos segundos contenido, sujeto por la costumbre y el pasmo.

Las siete trompetas

Tiembla la tierra marina bajo la isla de Hierro, acaso como réplica a otros temblores de alcance continental. Aún no trae este otoño la caída de las hojas y ya van cayendo, uno tras otro, los zapateros que nos gobiernan a golpe de miedo y aviso de apocalipsis. En esta zozobra en que se ha convertido nuestra vida diaria en los últimos meses, me acuerdo a menudo de la tesis de la película Bowling for Columbine (2002) de Michel Moore: el poder político y económico mantiene vivo en EEUU el miedo a la inseguridad ciudadana, porque de esa manera el negocio de las armas sigue boyante y se contenta a los sectores de la ultraderecha norteamericana. En Europa y EEUU el Cordero ya ha roto los siete sellos, los siete ángeles ya han tocado sus trompetas (con la séptima se produjeron relámpagos, fragor de truenos, temblor de tierras...) y al final todos gritaremos aleluya por la salvación divina, que tendrá el rostro compungido y gemelos de oro cerrando la boca de las mangas.

Reproducción del Apocalipsis del Beato de El Escorial.
Fuente: http://www.arteguias.com/tablas-beato-escorial.htm

Los amos de Brooklyn.


Por Antonio Fernández Munárriz.
Del 2010. Dura 132 minutos y es de EE.UU.
Dirigida por Antoine Fuqua. Dirigió a Chow Yun-Fat junto a Mira Sorvino en otra película de acción, “Asesinos de reemplazo” (1998). Esta fue la primera película en Hollywood de Chow Yun-Fat después de triunfar en el cine de acción de Hong Kong.
 Su pareja es la actriz Lela Rochon, quién ha participado en películas y series de televisión desde adolescente.
El guionista es el principiante Michael C. Martin. Alejado del mundo del cine presentó un guión a un concurso para ganarse un dinero extra mientras estaba convaleciente tras sufrir un accidente de tráfico. Aquí comienza su carrera como guionista y novelista. Es de Nueva York y trabajaba en el departamento de tránsito de la ciudad.
Tanto director y guionista son afroamericanos con una visión de la América pobre que lo aleja de pragmatismos y sermones.
La música es de Marcelo Zarvos, joven compositor brasileño para cine y televisión. Mezcla de jazz, música electrónica y rap que profundiza en la visión dramática de la película.
Destaca Richard Gere interpretando a un policía veterano llamado Eddie Dugan. Wesley Snipes interpreta a un narcotraficante llamado Caz y Don Cheadle es el policía infiltrado en una organización criminal con la única meta de ascender a detective. Ethan Hawke (Sal Procida, en la película) se recrea con un personaje atormentado: Es un policía con profundas convicciones religiosas que debe de saltarse sus creencias para ayudar a su familia. En la película es el marido de Lili Taylor. Una actriz del cine independiente americano conocida en España por su participación en la película de Isabel Coixet, “Cosas que nunca te dije” (1997).
Los actores son de primer nivel:
Don Cheadle es un actor que ha contribuido en dar a conocer la guerra en Sudán, el llamado “Conflicto de Darfur”, y ha trabajado para conseguir que  Sudan del Sur consiga su independencia.
Wesley Snipes ha conseguido reencontrarse con el público en un papel hecho a su medida después de los fiascos de anteriores producciones.
Ethan Hawke ya ha estado a punto de conseguir dos Oscar como actor y escritor de un guión, pues también es director de cine y novelista. Pareja de Uma Thurman, actriz de referencia en el cine de Tarantino.
Richard Gere se adapta a su edad y sigue conservando su aire de seductor.
Un elenco de actores que junto a estupendos secundarios consiguen dar a esta película de acción y melodrama un salto de 180 grados sobre otros thrillers.
La película retrata la vida en un populoso barrio de viviendas sociales de Brooklyn, Nueva York. La calle es un campo de batalla donde hay emoción, mucho odio y muerte.
El racismo es una constante. Sus habitantes son mayoritariamente de raza negra, pobres y marginados. La policía y los pequeños comerciantes se convierten en la representación de la América que nunca podrán ser: La clase media.
Unos son los enemigos y los otros las víctimas del rencor. Todos sufren violencia. Desde esta perspectiva el ambiente es irrespirable y solo la droga es la válvula de escape para los que no tienen futuro. En esta sociedad sin referencias éticas los narcotraficantes se convierten en personas respetables y temidas. Las relaciones sociales de la gente del barrio nos recuerdan al western: Personajes cínicos y marginales con nulo respeto por la vida humana.
Los policías son personas con problemas de adaptación. La violencia les afecta y les deprime. Asumen su derrota y la de la ley. La cámara se convierte en testigo de su desquiciada existencia. Eddie Dugan (Richard Gere) a falta de escasos días para jubilarse se despierta bebiendo alcohol y disparándose en la boca con una pistola descargada. Es un inadaptado que ha  encontrado el amor a través de una prostituta.
La narrativa de esta película violenta retrata la expresión narcisista de los personajes. Hablan del vacío de su existencia, falta de amor y reconocimiento. Los problemas psicológicos son una constante.
Jugarse la vida en una calle de una gran ciudad hace predominar el lirismo y la poesía en las imágenes. Estando en su país, la policía  se comporta como fuerza de ocupación. Incluso un policía novato muere en un tiroteo después de haber pasado por un cuerpo militar de élite, como son los Marines.
La fuerza expresiva y crueldad de los asesinatos forman parte de la mitología de la violencia pero en esta película está relacionada con una metáfora: La clase media en crisis de legitimidad y casi destruida representa a los policías como una caricatura. Los policías no están bien pagados y cometen o planifican crímenes y robos.
La polarización de la sociedad americana entre ricos y pobres asfixia a un cuerpo de policía que está al borde de la corrupción generalizada por conseguir un sueldo digno con el que salir adelante y procurarse una jubilación tras su paso por el servicio público.
El retrato de la bondad existe a título individual. Está generalizado mirar para otro lado: Un egoísmo que mantiene el circulo vicioso de la desigualdad.
La herencia de una sociedad que deja a una parte de la población en la cuneta es desoladora: Un barrio marginal. Sin educación, trabajo y futuro las medidas represivas se estrellan contra la realidad. La estrategia de mano dura contra el tráfico de drogas degenera en una guerra que se cobra víctimas inocentes y crea una inseguridad angustiosa en las calles.
La democracia y la tolerancia se paralizan creando un estado policial. La película plantea la encrucijada de la derrota patética del orden.
Es una película comercial que a diferencia de otras intenta analizar las causas de la pobreza y la exclusión social, enlazándolas con el crimen y su persecución.
Elude la estética de videoclip y alienta la seriedad del montaje por encima de los fuegos de artificio habituales en estas producciones.