Para leer más, IVA cero

Aprovechando que la Comisión Europea ha abierto un plazo para reflexionar sobre el IVA en la UE, la Asociación de Editores de Diarios Españoles (AEDE), la Asociación de Revistas de Información (ARI) y la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) han firmado un acuerdo (con fecha 28 de abril y la adhesión también de FANDE, CEGAl y ACE) para instar a los gobiernos europeos a que supriman el IVA de las publicaciones, como otra forma de impulsar la lectura. Desde este blog mis silenos y yo nos adherimos testimonialmente a la declaración. Tenéis el texto completo AQUÍ.

(En la imagen, el libro que estoy leyendo: Lisboas, de Ruiz Vaz de Cunha, o lo que es lo mismo: la visión diferente de Lisboa de Jaime-Axel Ruiz de Baudrihaye e Ignacio Vázquez Moliní. Libro imprescindible para todo amante de la ciudad)

Pesadilla

El teniente me manda volver a la formación que ya había abandonado. Con calma me dirijo a él para explicarle que hace muchos años que terminé la mili y por tanto no tengo que volver a formar nunca más. Con la misma calma el teniente me dice que no voy a licenciarme en la puta vida si no vuelvo a la formación en este mismo instante. Toda la compañía me mira con cara burlona. Con una ansiedad creciente trato de explicar al teniente y al resto de la compañía que se equivocan, pero todos parecen dar por hecho que el errado soy yo. No lo entiendo muy bien, pero vuelvo a la fila.

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Cuatro elementos y un teléfono

Herminio Gil miró con desánimo su nuevo lugar de trabajo. Un espacio de apenas un metro cuadrado separado por paneles de sus inmediatos compañeros. Doce personas como él trabajaban en la misma sala, llamada la pradera. Eran televendedores. Sus herramientas de trabajo consistían en una mesa, una silla, un ordenador y, lo más importante, un moderno teléfono dotado de un kit manos libres, listín para cien números, llamada a tres y un sinfín de funcionalidades que nadie había llegado a aprender. La desastrosa carrera profesional de Herminio Gil era acorde con sus aspiraciones profesionales.

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Lisboa

Regreso de Lisboa con la impresión de haber vivido esta corta estancia en mi ciudad de siempre. La visité hace muchos años y recuerdo que también entonces me acogió como a un hijo. Ciudad luminosa, que muestra con orgullo las huellas señoriales de su decadencia, abierta al mar por la boca aurífera del Tajo. Ha llovido sobre Lisboa a ratos con rabia, a ratos con discreta melancolía. Por el empedrado de Alfama he visto correr el agua inquieta sorteando todos los obstáculos, saltando sobre los adoquines levantados, venciendo la resistencia de los coches con un único objetivo: seguir alimentando ese gran animal de agua que es el río. Y me he sentado a ver la lluvia resbalar por los azulejos de las fachadas, por las tejas de los áticos, por el rostro de los lisboetas impasibles, por la piel broncínea de Pessoa y Camôens. Hay algo en esta ciudad -como un susurro o un latido- que no he percibido en otras capitales. Tal vez sea el fulgor de sus contrastes, una suerte de oxímoron continuo, porque es grandiosa sin serlo, está envejecida sin ser vieja, es cosmopolita en su corazón provinciano. Como quien se reconcilia con el pálpito recóndito de las ciudades, así regreso de Lisboa a Cádiz. Sin haber salido del mar.

(Enrique el Navegante, espolón del Monumento a los Descubrimientos,
en Belém, Lisboa. Fuente: Silenos)

Descanso pascual

Queridos amigos, estaré unos días ausente, liberado de la esclavitud de internet y lejos del incienso, cuyo olor detesto. Lisboa es la ciudad elegida. En ella espero rematar un libro de cuentos (contiene pocos microrrelatos y mayor número de relatos extensos) que espero me publique una editorial sevillana. Así pues, los silenos se quedan aquí, con su baile detenido, a la espera de que su corifeo regrese y traiga, además del broche del libro, algo que contar en una o dos estampas lisboetas. Buen descanso pascual.



(Imagen del tranvía de Lisboa. Tomada de www.disfrutalisboa.com/tranvia)

"Nulla dies sine linea", guiño de Monterroso a Apeles

Cuenta Plinio el Viejo que el pintor griego Apeles se aplicaba al trabajo con tanta disciplina, que todos los días pintaba, al menos, una línea. Hoy, después de pensar qué escribir en este exiguo cuadro que el blog nos brinda como cuartilla (en el que caben exactamente doce líneas en el tipo y tamaño de letra que uso), me he acordado del proverbio latino, Nulla dies sine linea, y he constatado lo difícil que es a veces escribir una línea que no merezca de inmediato el pase a perpetuidad a la papelera. Hay, sin embargo, quienes convierten en oro una línea porque están tocados por la gracia de la brevedad perdurable. Es el caso de Augusto Monterroso. Su dinosaurio, de sobras conocido, se pasea a sus anchas por la Glorieta Miniatura, donde, según José María Merino, habitan "los relatos diminutos que no permiten ver el bosque inmenso de la ficción pequeñísima". Pero Monterroso también dejó en aquel jardín una línea en homenaje de Apeles:



Nulla dies sine linea



Envejezco mal -dijo; y se murió.

Tienen además estas perlas satíricas de Monterroso la extraña virtud de provocar un caudal de comentarios y críticas sesudas inversamente proporcional a su extensión, como sucede con el dichoso dinosaurio. Y no es de extrañar, si se analizan algunos de sus valores. Por ejemplo, el título anticipa la poética de su narrativa breve (es el introito teórico) y la línea, el relato (átomo de relato) se ofrece como la flor palpable y fragante de la praxis. Añádase a esto el logro de la concatenación de hechos en el relato: la despedida, casi estertor, de ese envejezco mal, que preludia y explica (como causa que es) la muerte repentina. Y añádase también que en solo seis palabras y tres signos de puntuación (por cierto, su justa mitad en términos matemáticos, con lo que ello puede tener de cabalístico) se pasa de la primera persona, el protagonista, a la tercera, la del narrador, lo cual dota de absoluta credibilidad la historia, ya que, justo en el eje que marca el guión, el hombre o mujer ha muerto y ya solo es posible oír la voz de quien nos informa del triste suceso.

Después de esto, ¿a qué vengo yo a escribir una línea que sea al menos de interés? Los Monterroso son la escuela literaria del pintor Apeles, la prueba más notoria de que un artista es capaz de hacer arte con muy poco. Poquísimo. En fin.





Imagen: "La calumnia de Apeles" (1495), de Sandro Botticelli

El piano ibérico de Chano Domínguez

Pocos instrumentos más maleables que el piano, que, pese a los puristas que defendieron y defienden que de sus notas solo debe emanar música clásica, lleva décadas permitiendo que sus teclas se presten a otras músicas, a otros ambientes, a veces tugurios sublimados por la poesía canalla: jazz, blues, bossa nova, tango, sonidos étnicos, copla, flamenco... Ray Charles, Herbie Handcock, Tete Montoliu, el tándem Valdés (Bebo y Chucho), Michel Camilo, Brad Mehldau, Lalo Schifrin, Prisca Dávila, Stefano Bollani... son solo algunos nombres. A ellos hace tiempo que se sumó un gaditano, Chano Domínguez, quien ya fuera teclado en Cai, el grupo de rock andaluz (junto con Imán. Califato Independiente) con el que muchos de mi gneración vivimos los primeros conciertos. Ayer noche, recién llegado de México, donde ha ofrecido conciertos con Wynton Marsalis y Paquito D'Rivera, Chano Domínguez presentó en el Teatro Falla de Cádiz su disco Piano ibérico, una compilación de versiones de grandes temas de la música de compositores españoles como Albéniz, Falla, Granados y Mompou, además de tres composiciones propias, como "Mantrería", "Canción triste" y "Cuando te veo pasar". Si ya escuchar al gran Chano Domínguez es una delicia, verlo acompañado por la voz rota (escuela de Camarón) de Blas Córdoba, "El Kejío", la percusión de Israel Suárez, "Piraña", y el taconeo y baile endiablado de Tomás Moreno, "Tomasito", fue un disfrute de los que uno quisiera meterse en el zurrón para sacarlo de vez en cuando. Como no fue posible, le pedimos con aplausos que lo alargara, y Chano tocó unas alegrías de Cádiz arropando a El Kejío. Para llorar de gusto. Espero poder decir algo parecido mañana, después de escuchar esta noche en Sevilla a Cristina Rosenvinge.

Los Ory que conozco

Este es el breve texto con el que contribuí al homenaje a Carlos Edmundo de Ory que se hizo en Cádiz en diciembre pasado:





LOS ORY QUE CONOZCO




Lo sabemos hace tiempo: cuando un poeta se va, se quedan los pájaros cantando sobre la luna negra de un pozo blanco. Ory fue -es- negro sobre blanco, peregrina noche fugaz errático bulto inmenso y sombrío, pero también leche blanca y heno. Ory es -fue- ausencia y canción, cuerpo de niño psíquico en el aire inexistente de un cajón vacío, mas también jinete audaz en los caballos raros del lenguaje. Ory fue -será- amor y disensión, amante corrompido de flores, preceptor de muchachas castas que besan con las puertas y los labios encendidos, pero también un loco con permiso divino que escribió sobre una hoja de papel con una mancha en su virginidad. Estos son los Ory que conozco, los que sobreviven al canto de los pájaros, voces del hombre Carlos Edmundo que se fue mitad soñando y otra mitad dormido.

I Ruta Fernando Quiñones

Estos Silenos cumplen hoy tres años de baile, con un saldo excelente sobre todo de amigos. Para celebrarlo, nos hemos ido esta mañana temprano (las 10,30 es temprano en sábado) a la I Ruta Fernando Quiñones, organizada por Blanca Flores y Juan José Téllez. Gente, gente y más gente (unos ciento veinte, según los organizadores; unos trescientos, según la policía). Una iniciativa necesaria, visto el olvido en que los políticos (sobran todos, como el viento puñetero) tienen a Fernando, el poeta, el narrador, el flamencólogo, el gaditano de veras, el disfrutón de la vida en lo que tiene de bueno, que es bien poco (amor, vino, literatura y más amor...). Y he de decir que la Ruta ha sido un éxito de convocatoria, de entusiasmo, de cante y poesía en las calles de Cádiz (Bar Lucero-iglesia Santo Domingo-Pay-Pay-Callejón de los Piratas-San Juan-Mercado-Palillero-Rosario Cepeda-La Palma-La Caleta), con broche de oro en la estación término (y sigue): la Peña Flamenca Juanito Villar. Un rosario de actos desenfadados, presididos por la sonrisa, que es la mejor presidenta: representación dramática de fragmentos quiñonescos por Montse Torrent y Kiko Butrón; lectura de textos narrativos y periodísticos por Paloma García y José Pettenghi; poesía en labios de Téllez, Mariela y Mauro, hijos de Fernando, Merche Pons, Pepe Maestro, Charo Troncoso, Josefa Parra... Hasta yo me he permitido la licencia de hablar algo de Fernando y leer un par de poemas. Algo había en el aire de Cádiz hoy que invitaba a participar, a cantar por bulerías de haber sabido uno meterse en ese cante, o en otros sones, como el cubano, o el tango, o la copla, o la fusión (sin in)... Pero allí había gente para hacerlo, bien trabajada en la tablas, como el Chipi y La Canalla (especiales, especiales), Carmen de la Jara (¡larga!), Inmaculada Márquez (portento de la naturaleza), Inmaculada Mora (voz secreta del amor oscuro) y Manuel Martín (La Hoguera), Alejo Martínez (prodigio isleño, allí o acá), Ignacio Lobo (voz umbría, nemorosa).
No sé si habrá más rutas en años venideros, pero esta ha sido sonora y será sonada. La viuda de Fernando dijo algo irrefutable: "qué coraje le habrá dado no estar aquí".




























ENHORABUENA, BLANCA Y JUAN JOSÉ

(1: Parte de los asistentes en torno a la estatua de Fernando, donde se hizo ofrenda de arenques y flores; 2: lectura de Josefa Parra; 3: Inmaculada Márquez y Alejo Martínez; 4: Inmaculada Mora y Manuel Martín (La Hoguera); 5: Carmen de la Jara