Con José María Merino, ayer

Fue un placer. No conocía personalmente a Merino, aunque, además de la lectura de parte de su obra, tenía referencias (todas muy buenas) de quienes sí lo conocen o incluso son sus amigos. Almorzamos en el restaurante de la Escuela de Hostelería, frente al mar de la Alameda gaditana, y entonces pude comprobar que es un estupendo conversador y una grata compañía. Lo recogí por la tarde en el hotel y caminamos hacia el Aulario de la Bomba, sede del Vicerrectorado de Extensión Universitaria, donde iba a tener lugar el acto, dentro del programa Presencias Literarias que la Univesidad de Cádiz organiza desde los años noventa. Después de una breve presentación, entrevisté al narrador durante una hora sobre su narrativa breve, que era la parcela escogida para el acto. Eliminé sobre la marcha algunas cuestiones (había preparado demasiadas) porque Merino hablaba a gusto frente a un público compuesto por muchos estudiantes universitarios. En una hora que cundió como pocas veces, hablamos de su poesía ("la poesía me abandonó), la importancia de la oralidad en su formación de lector y vocación de escritor, la tradición del género fantástico en España, realismo versus fantasía, los temas habituales del género (el doble, el invisible, la metamorfosis...), el conflicto de los personajes, el cuento actual en España., el microrrelato... Incluso bromeamos con algunas anécdotas sobre cómo la ficción puede acabar devorando al autor. Ahí salió a relucir su Eduardo Souto, el personaje que, como el Guadiana, aparece y desaparece en sus cuentos. Le tenía reservada una sopresa: le dije que Eduardo de Souto lo perseguía incluso en Cádiz y saqué de mi cartera un recorte del Diario de Cádiz de ese mismo día, donde el azar (¿?) había querido unir dos noticias: en página de la izquierda, la presencia de Merino en la ciudad; en la de la derecha, la presencia en breve del arquitecto portugués Eduardo de Souto Moura, de manera que, al abrir el periódico, Merino y Souto aparecían juntos. El acto culminó con la intervención del público, que, durante media hora más, preguntaron al escritor detalles de su labor creadora y sus libros. Me despedí de él a las once de la noche, en la puerta de su hotel. Espero que hasta muy pronto.

Tertulia, poesía y noche sevillana

Tenía yo mis reservas con las tertulias, en la idea de que de literatura solo se habla cuando ella viene (como el cante), no cuando se la llama. Pero he aquí que el pasado viernes aprendí que lo literario también surge si es bueno el merodeo y noble la intención. Fue en la tertulia los Mercuriales, celebrada en el Fogón de Leña de Sevilla, que se trasladó a un viernes para facilitar que tres gaditanos (José Manuel Benítez Ariza, José Miguel Domínguez Leal y el que escribe) pudiésemos asistir. Sobran mis palabras para narrar cuanto allí se dijo y se leyó, porque mejor que nadie lo hace el secretario, Juan Antonio González Romano (léase el acta aquí), pero no son suficientes para expresar el placer del rato compartido con un puñado de amigos y poetas. Un abrazo a todos, Mercuriales, algo Venusinos esta pasada semana bajo la noche primaveral sevillana.

José María Merino en Cádiz

El próximo miércoles, 30 de marzo, a las 19,00 h. en la sala Kursala del Aulario de la Bomba (Universidad de Cádiz), estará con nosotros José María Merino, en una sesión más de Presencias Literarias. Me cabe el honor de presentarlo y entrevistarlo. Seréis bienvenidos.

Marea el mar con sus mareas

Hoy, día del padre, en Cádiz, como en otros lugares ribereños, hay mareo colectivo. Desde bien temprano. La luna llena está tan cerca de la Tierra, que las mareas bajan y crecen en estas horas alcanzando un insólito coeficiente, cercano a 1,20, y hay quienes, apocalípticos e ignorantes, asocian este fenómeno al tsunami japonés. Tengo que reconocer que, a pesar de haberme levantado a la hora en que la bajamar está plena (8,45 h.) y vivir a tres minutos a pie del mar, me he quedado en casa haciendo café. Debe de ser porque, como tengo tendencia al mareo (cervicales + presbicia = subida en pendiente), me he temido que la visión de un mar tan retirado podría alterar mi torpe equilibrio. Tampoco me parece decente que las aguas se levanten la falda y muestren sus húmedas vergüenzas, por muy libres, cosmopolitas y extrovertidas que sean. Pero mucho me temo que en una ciudad-barco como esta va a ser difícil no marearse con las mareas del mar. Habrá que mitigar los efectos con un par de cervezas, que el esplendor del día así lo pide. Feliz día del padre a los que, como yo, tengáis la suerte de serlo.



(La Caleta hoy. Imagen: Silenos)

Voluntad de difuntos y hallazgos y publicaciones póstumos

Poco antes de morir Virgilio pidió que su Eneida, para él imperfecta en ese instante, fuese consumida por las llamas. Pero el emperador Augusto no podía permitir tal fin para la gran epopeya romana que aupaba hasta el Olimpo a la familia Julia a la que él pertenecía, y ordenó que fuese revisada y publicada por dos amigos del poeta, Vario y Tuca. Dicho con otras palabras, el emperador no respetó la última voluntad del difunto (aunque tal vez pudo convencerlo en el lecho de muerte para que desistiera de su deseo) y la cultura europea, con Dante a la cabeza, nunca podrá agradecerle lo suficiente su decisión. Viene esto a cuento por el "descubrimiento" y posterior publicación (por la familia, por amigos, por investigadores) de obras o fragmentos que no salieron a la luz en vida del autor. Lorca, Juan Ramón Jiménez, Cortázar, Pío Baroja... son solo algunos ejemplos cercanos. De Baroja salió impresa en 2005 La guerra civil en la frontera y ahora ha salido una obra de teatro completamente inédita, Los convencionales humoristas, escrita hacia 1950. Ambos títulos pertenecen a Caro Raggio, el sello editorial de la familia. Aunque no he leído nada al respecto, es de suponer que los Caro Baroja conocían (o al menos intuían) la voluntad de su tío de que tales papeles viesen la luz. O tal vez no, pero, en cualquier caso, la tutela legal del patrimonio literario heredado debe de permitir la toma de tales decisiones. La publicación póstuma (en caso de que el autor no haya dicho o escrito nada al respecto en vida) tiene algo de rapto de voluntad, de latrocinio disfrazado de deferencia hacia la memoria del muerto. Por otra parte, si el autor ha manifestado su oposición y esta no se respeta, ¿qué pesa más en el fiel de la balanza, su voluntad o el supuesto bien que dicha obra reportará a la comunidad cultural? A Augusto, aunque no pensaba precisamente en el interés general, le debemos la publicación de la Eneida, y la cosa salió bien porque Virgilio había menospreciado sus virtudes. Sin embargo, siempre quedará el riesgo de que una obra publicada póstumamente sin autorización del autor acabe menoscabando, en contra de lo que se pretendía, su trayectoria "autorizada". Porque todo el que escribe seriamente guarda demasiados papeles, borradores y naderías cuyo único destino razonable debería ser la hoguera.

(Detalle del Pont des Arts, París. Fuente: Silenos)

El blog de los otros

No sé si a estas alturas (casi tres años) este blog mantiene el número de lectores o se ha ido desinflando, en cuyo caso la culpa solo es achacable a este pobre corifeo. Me pregunto a menudo cómo mis queridos José Manuel Benítez Ariza, Fernando Valls o Antonio Rivero Taravillo, por citar solo una muestra, pueden darle cuerda a diario (o casi) a la maquinaria de sus bitácoras, teniendo como tienen (me consta) tantas ocupaciones. ¡Y cómo es posible que escriban (sobre todo los dos primeros) entradas tan extensas! Al margen de que se sea más o menos versátil, más o menos culto, más o menos ingenioso, hay que tener tiempo, agua escurridiza que a todos se nos va entre los dedos. A menudo me acuerdo de mi madre, cuando de niños nos preguntaba, angustiada por la falta de ideas, ¿qué hago hoy de comer? A veces me pregunto, urgido porque los Silenos piden cuerda, ¿qué diablos escribo hoy? Porque este blog tiene, al menos en teoría, espíritu variable y no quiere ser una repetición de etiquetas (microrrelatos, poemas...). Sé que una sola idea, bien trabada, puede ser digna de quedar colgada de los hilos y expuesta al público, pero, ¿qué es una buena idea? Ayer me sobrevino una noticia de actualidad, curiosa, merecedora de comentario, mas como vino se me fue por causa del tiempo escurridizo que decía antes. Con todo, no me resisto a terminar mencionando al menos lo que recuerdo de ella, sobre todo por los lazos que me unen a Bélgica: hartos de meses sin gobierno, a una responsable política se le había ocurrido proponer a sus colegas mujeres que siguieran el ejemplo de Lisístrata, la heroína de Aristófanes que abanderó una huelga de sexo con los esposos en tanto que durara la guerra. Si prospera la idea, las belgas podrían dejar tan noble y sana actividad hasta que sus maridos y demás compañeros formen, de una vez por todas, un gobierno. Política, literatura clásica y sexo. La primera estresa, la segunda relaja y la tercera...

(Juegos animales en el zoo de Jerez de la Frontera)

Domingo de Carnaval

Hoy, domingo de Carnaval en Cádiz, el cielo tiene un ojo abierto y otro cerrado, lo cual es indicio de que puede llover en cualquier momento. Sopla viento de levante suave, acariciador incluso, quizás respetuoso con la fiesta. Esta concentración multitudinaria, que colapsa la ciudad en dos días (ayer sábado y hoy domingo, pues el resto de la semana se reduce) y obliga, entre otras cosas, a aparcar los coches encima de los árboles, huele a alcohol de alta graduación, pero también a coplas, encuentros, risas, sexo y otras bondades que esta vida nos regala. Hace años yo salía vestido de mamarracho, que es la especie mayoritaria (la otra la constituyen los disfrazados), pero mi gaditanismo ha menguado con la edad y ahora contemplo la juerga a cierta distancia. Quizás la que media entre los veinte años y el ecuador de la cuarentena. Para reconciliarme con la fiesta (y la juventud) recuerdo de vez en cuando el que considero el mejor estribillo que una chirigota "ilegal" ha cantado en esta ciudad, en aquel ya lejano año de 1989, cuando falleció el emperador japonés Hirohito:

Se ha muerto Hirohito,
pobreíto, pobreíto...


(Hirohito, emperador de Japón (1901-1989)


Visión insólita

VISIÓN INSÓLITA

Cuando de niño se miraba en el espejo, su rostro se descomponía en infinidad de partículas inquietas, bailarinas, que se aglutinaban a intervalos regulares formando extrañas simetrías de colores. Si fijaba la atención en un objeto, éste giraba y giraba transformándose en una familia de tréboles cambiantes, de floridas corolas luminiscentes. Al cerrar los ojos para conciliar el sueño, rosetones encendidos lo sumían en un mar de geometrías admirables. Como nunca se quejó de esta deficiencia congénita (o don, según se mire), no visitó al médico hasta que, ya cumplidos los catorce años, comenzó a padecer mareos y trastornos digestivos que cursaban con vómitos de acuarelas. Un equipo internacional de oftalmólogos, digestivos y neurofisiólogos diagnosticó el primer caso de visión caleidoscópica conocido en el mundo. Pero, lejos de suponerle una merma en su desarrollo personal y profesional, hizo carrera como observador en la NASA, donde actualmente dirige el Departamento de Decodificación de Nudos Estelares.