Lecturas, islas, escritores y otros insectos.

.....Se me acumulan las lecturas. En este mes de mercancías literarias (y no), llegan nuevos libros a casa, como llegan las visitas en tropel, inesperadas a veces, y no sabemos dónde alojarlas ni cómo atenderlas para que se sientan a gusto. Una vez me dijeron que era alérgico a los ácaros, que viven como marajás en las sábanas, atiborrándose de las escamas de una piel, la nuestra, que ya perdió tiempo ha la tersura infantil (¡ay!), y que no era conveniente tener muchos libros en el dormitorio. Pero ellos se empeñan en buscar la penumbra del cuarto y se amontonan en la mesilla, promiscuos (a veces litigando por la primacía). Releo versos de Pierre Louÿs, que soporta encima el peso liviano de Kawabata, bello y triste, quien a su vez sostiene sobre sí las Lisboas de ese personaje híbrido que es Rui Vaz de Cunha. Encima, recientes adquisiciones: Ermitaño en París del gran Italo Calvino y varios libros despachados, sobre las aguas azules de Andalucía, por la fecunda, paradisíaca, Isla de Siltolá: Aquilino Duque, Felipe Benítez Reyes, José Manuel Benítez Ariza, Andrés Luque Gago, Antonio Rivero Taravillo, Enrique Baltanás, Antonio Colinas, José Luis García Martín y el habitante primero de esa isla, sembrador de jardines y espesuras de las que ya disfrutamos los demás, los visitantes: Javier Sánchez Menéndez.
.....Ayer compré además un librito de poesía de Renacimiento,
El inicio del mundo, de Manuel J. Ruiz Torres, del que solo he leído dos poemas, pero han bastado para que sospeche que el conjunto es sobresaliente ("Aun sin quererlo / la vida se vuelve un insensato / ejercicio de acumulación..."). Quiero leerlo despacio, deteniéndome a menudo en la umbría que parece envolver este poemario maduro y pleno.
.....Hoy es sábado, el sol ha amanecido azulísimo y hasta mi casa llega la brisa del atlántico (mi ciudad es una isla a merced de las mareas). Sobre la mesa tengo los suplementos culturales, más lecturas que se suman a las otras lecturas. A veces tengo la sensación de que la vida es, como dice Ruiz Torres, un ejercicio de acumulación, una prueba que se nos impone para medir nuestra reacción ante una de las pocas grandes certezas del ser humano: la imposibilidad de hacer todo lo que queremos en el átomo minúsculo de tiempo que nos ha tocado en este incomprensible reparto.