El blog de los otros

No sé si a estas alturas (casi tres años) este blog mantiene el número de lectores o se ha ido desinflando, en cuyo caso la culpa solo es achacable a este pobre corifeo. Me pregunto a menudo cómo mis queridos José Manuel Benítez Ariza, Fernando Valls o Antonio Rivero Taravillo, por citar solo una muestra, pueden darle cuerda a diario (o casi) a la maquinaria de sus bitácoras, teniendo como tienen (me consta) tantas ocupaciones. ¡Y cómo es posible que escriban (sobre todo los dos primeros) entradas tan extensas! Al margen de que se sea más o menos versátil, más o menos culto, más o menos ingenioso, hay que tener tiempo, agua escurridiza que a todos se nos va entre los dedos. A menudo me acuerdo de mi madre, cuando de niños nos preguntaba, angustiada por la falta de ideas, ¿qué hago hoy de comer? A veces me pregunto, urgido porque los Silenos piden cuerda, ¿qué diablos escribo hoy? Porque este blog tiene, al menos en teoría, espíritu variable y no quiere ser una repetición de etiquetas (microrrelatos, poemas...). Sé que una sola idea, bien trabada, puede ser digna de quedar colgada de los hilos y expuesta al público, pero, ¿qué es una buena idea? Ayer me sobrevino una noticia de actualidad, curiosa, merecedora de comentario, mas como vino se me fue por causa del tiempo escurridizo que decía antes. Con todo, no me resisto a terminar mencionando al menos lo que recuerdo de ella, sobre todo por los lazos que me unen a Bélgica: hartos de meses sin gobierno, a una responsable política se le había ocurrido proponer a sus colegas mujeres que siguieran el ejemplo de Lisístrata, la heroína de Aristófanes que abanderó una huelga de sexo con los esposos en tanto que durara la guerra. Si prospera la idea, las belgas podrían dejar tan noble y sana actividad hasta que sus maridos y demás compañeros formen, de una vez por todas, un gobierno. Política, literatura clásica y sexo. La primera estresa, la segunda relaja y la tercera...

(Juegos animales en el zoo de Jerez de la Frontera)