Domingo de Carnaval

Hoy, domingo de Carnaval en Cádiz, el cielo tiene un ojo abierto y otro cerrado, lo cual es indicio de que puede llover en cualquier momento. Sopla viento de levante suave, acariciador incluso, quizás respetuoso con la fiesta. Esta concentración multitudinaria, que colapsa la ciudad en dos días (ayer sábado y hoy domingo, pues el resto de la semana se reduce) y obliga, entre otras cosas, a aparcar los coches encima de los árboles, huele a alcohol de alta graduación, pero también a coplas, encuentros, risas, sexo y otras bondades que esta vida nos regala. Hace años yo salía vestido de mamarracho, que es la especie mayoritaria (la otra la constituyen los disfrazados), pero mi gaditanismo ha menguado con la edad y ahora contemplo la juerga a cierta distancia. Quizás la que media entre los veinte años y el ecuador de la cuarentena. Para reconciliarme con la fiesta (y la juventud) recuerdo de vez en cuando el que considero el mejor estribillo que una chirigota "ilegal" ha cantado en esta ciudad, en aquel ya lejano año de 1989, cuando falleció el emperador japonés Hirohito:

Se ha muerto Hirohito,
pobreíto, pobreíto...


(Hirohito, emperador de Japón (1901-1989)