Trío literario: el dinosaurio, los talleres y el mercadeo de lectores


1.- Hoy, en "Revista del Verano" de El País, Javier Sampedro publica "Microrrelatos", una burla del dinosaurio de Monterroso. El más célebre despertar de la literatura reciente reducido a las cabezadas de sobremesa. Un bicho más de los muchos que pululan por la televisión.

2.-
Hoy, en Babelia, Emiliano Monge ("Escribir para no ser o para ser"), al escribir sobre la teorización en torno a la creación de un personaje literario, dedica perlas como ésta a los talleres literarios: Peores que estos redactores de mentiras son sus primos más cercanos: los maestros de los talleres literarios, esas comadronas especializadas en sacar con fórceps lo que debía sacarse con pujidos, esos caníbales hambrientos que succionan del personaje de su alumno lo único que en verdad era importante: el sudor, la sangre, el músculo, la bilis, esos malabaristas de las horas que cegados por el pago de una próxima visita se vuelven incapaces de aceptar una verdad como un templo: la manera indicada de crear un personaje memorable es fundamentalmente inexplicable.
Todo un alarde de amor hacia ese invento tan... ¿creativo?


3.-
Ayer, en El Cultural de El Mundo, se publica un editorial titulado "10 autores en busca de lector". No sé si por recurrir a una expresión manida o, más bien, por razones publicitarias en sintonía con los sellos editoriales que los publican, lo cierto es que resulta, cuando menos, ridículo presentar a Almudena Grandes, John Le Carré, Mario Vargas Llosa o Fiódor Dostoievski, entre otros, como pobres autores "en busca de lector". Como si no tuvieran legión. Somos los demás, la también legión de innombrados, el ejército invisible de las letras, los que andamos escasos de lectores. Un lector, por caridad.

(Imagen tomada de www.fotoaleph.com)

Deseos estivales


ESPEJISMO (UNISEX) DE VERANO

Estaba en su sitio, junto a la roca de arenisca desprendida del pequeño acantilado. De espaldas al sol, de cara sobre la toalla, los ojos cerrados delante de una revista estival. Los deseos, cuando vienen, nunca vienen solos, y suelen venir revueltos. Como cada día, deseé acariciar su cuerpo: subir el promontorio de los talones, ascender por la larga pendiente de las piernas, escalar sin prisas las dos cumbres hermanas de su culo, descender a la llanura de la espalda y descansar al fin en la umbría de su cabello negro y salino. Pero, ante estos espejismos de verano, lo mejor es conformarse con bajar la mirada y hundir la mano en la arena, buscando, como en la inocente niñez, el frescor en lo profundo. Y si las ganas arrecian, intentar el asalto por túneles bajo tierra.

Qué cosa sea microrrelato



......Muchas personas que conozco, algunas de ellas cultas, no saben o no tienen claro qué cosa sea un microrrelato. No porque no hayan leído ninguno, que quizás sí, sino porque, al leerlo, no tuvieron conciencia de que lo fuera y, por tanto, no les quedó la constancia. Con brevedad, como cuadra a su esencial naturaleza, les explico qué creo yo que puede ser, pero luego, en privado, advierto que a mí también me asaltan dudas, por más que lleve muchos leídos y algunos escritos.

......Se ha dicho que la red propicia el menudeo de los microrrelatos y contribuye de manera escandalosa (en especial los blogs) a la autoedición, sin más filtro que el propio. Advierten estas voces censoras de que ello está animando a mucho ocioso a convertirse en escritor, editor y hasta crítico de "su obra", lo cual genera enorme literatura de postal navideña y carpeta de instituto. No es momento de detenerse en este debate continuo, al que ya he dedicado otras entradas.

......VVolvamos al microrrelato. Voces más autorizadas que la mía, como F. Valls (entre otros muchos escritos dedicados al tema, véase el reciente prólogo a su libro Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos), Ana Mª. Shua (léase, por ejemplo, su ingenioso undecálogo en el blog Puerta Falsa), D. Lagmanovich, R. Brasca, A. Olgoso, J. Mª. Merino, etc., han teorizado o conformado en la práctica algunas características que parecen indudables, como que ha de ser, obviamente:

......1) Un relato brevísimo. No es forzoso que se atenga al esquema introducción-nudo-desenlace, pues bastaría una parte desgajada de una de esas partes, a condición de que "ocurra algo" (y no simplemente "se exponga o describa algo").

......2) Esta breuitas narrativa ha de sustentarse en una breuitas lingüística, es decir, en la medida justa de las palabras (de ahí el uso general de la parataxis y una reducida adjetivación), sin que sobre ni falte nada, aunque hay que reconocer que este exceso o defecto es, sobre todo, un elemento de valoración subjetiva del lector.

......3) Un relato sugerente. Este aspecto es el más complejo, el que requiere mayor oficio, ya que, elevado a grado máximo, puede mermar las posibilidades narrativas. De hecho, en el célebre microrrelato (¿lo es?) del dinosaurio de Monterroso apenas hay narración (de ser fábula greco-latina se diría que es fábula "de posición", contraria, pues, a la fábula de acción o agonal), pero sus posibilidades de evocación son muchas. Ahí reside, entiendo, su éxito.

.......Con esto el guiso está cocinado en lo primordial. Ahora bien, hay otros ingredientes que aderezan el plato. Por ejemplo, un final sorpresivo (aguijoneador incluso, como en el epigrama), que trastoca la lectura que se venía haciendo y, en consecuencia, invita a una inmediata relectura. Igualmente son gustoso condimento las alusiones metaliterarias, históricas, culturales o de cualquier otro tipo, que no pocas veces agradecen los lectores más exigentes. Pero hay que procurar que sean sutiles, como un finísimo trazo en un dibujo. Por otra parte, el autor de microrrelatos (de relatos en general) ha de huir de un trato exagerado con difuntos, resucitados, espectros, caserones misteriosos, sueños, saltos temporales y otros recursos de la literatura fantástica, ya que estas historias se vuelven sustancialmente más previsibles en tan corto espacio. De hecho, un buen microrrelato puede tocar un sencillo hecho cotidiano y devolverlo matizado, abierto a otras miradas. Añádase a todo esto, como colofón, que al microrrelato debe exigírsele calidad literaria, como a un poema o a un relato mayor. Esto es tan esencial, que marcará la diferencia y acallará (o debería) las voces que tachan el microrrelato de nadería o vacuo entretenimiento. Ahora bien, a menor extensión, mayor la dificultad de imprimir un tono literario. ¿Puede hablarse de calidad literaria en las dos frases del dinosaurio de Monterroso? Esto es posible en poesía, mas difícil en tan menguada prosa. Dicho todo lo cual, nos topamos con la receptividad del lector: sus gustos literarios, su bagaje cultural, su conocimiento-valoración del uso del lenguaje, etc.

......Ilustremos todo con algún ejercicio práctico. Escribimos, por ejemplo:



Vine antes acá porque me dijeron que debía familiarizarme con esto y ser yo el que te esperara. Pero yo voy a cumplir treinta años y tú aún no has nacido.



......Cabe preguntarse: ¿es esto un microrrelato? Hay algo de narración, es brevísimo (en fondo y forma) y presenta un final, cuando menos, poco esperado, donde reside la apuesta sugerente. Además añade un alusión literaria, que no desvelo para invitar a mis lectores a encontrarla. ¿Tiene calidad literaria? No, simplemente está escrito con corrección.



......O este otro, variación del primero:



Vine antes acá porque me dijeron que yo debía crearte y no tú a mí. Te juro, Dios, que he puesto en ello todo mi ser y sigo dudando del resultado.



......Algo de narración, más breve aún y con un final menos logrado. Pero, gracias a ese vocativo (palabra clave), el conjunto se muestra más sugerente que el anterior, de mayor recorrido (filósofico-religioso). ¿Tiene calidad literaria? No, simplemente está escrito con corrección.

......Termino ya. No es fácil lograr un microrrelato cerrado, que el lector concluya asistiendo a un movimiento de explosión y expansión literarias. Requiere mucho trabajo de taller y no poco dominio del lenguaje. Pero a esto debe añadirse, en la medida de cada cual, sal literaria, porque, si no es así, el microrrelato corre el riesgo de convertirse en un paria, en un molesto e insulso vecino en la casa común de la narrativa.



(Imagen: gárgola de la Tour St. Jacques, París. Fuente: Silenos)

El valor de las Humanidades: un discurso de graduación memorable


.....No suelo hablar aquí de cuestiones relacionadas con el trabajo, pues este blog se creó para otros menesteres. Sin embargo, a veces el ámbito profesional depara sorpresas y alegrías que merecen ser compartidas con los lectores de estos Silenos. Es el caso que hoy me ocupa. El 2 de julio se celebró en la Universidad de Cádiz el solemne acto de Graduación de las titulaciones de la Facultad de Filosofía y Letras. Según la costumbre, cada una de las promociones (2005-2010) debía leer, a través de un representante, un breve discurso, ante un amplio público formado por alumnos, profesores, autoridades académicas y, sobre todo, familiares. Llegado el turno de mi especialidad, Filología Clásica, resonó en el Aula Magna el magnífico discurso que hoy publico. Y digo "magnífico" no sólo por estar bien escrito (lo cual es mérito en estos tiempos de universitarios iletrados), sino también porque contiene un caudal de entusiasmo que resulta difícil encontrar entre los universitarios actuales. Amor por el aprendizaje y por las letras (filología en el más esencial sentido), y buena predisposición ante los retos del futuro. Si tenemos presente que se trata de estudios minoritarios, tan denostados en los últimos años por la ignorancia de los unos y el desprecio de los otros, el acto adquiere un plus de valentía digno de una corona de laurel. Eran pocos alumnos, pero, sin duda, dejaron el pabellón de la Filología en general y de la Filología Clásica en particular bien alto. Todo un ejemplo contra la desidia que campea en nuestra aulas universitarias. Enhorabuena de nuevo, Anabel, Eugenia, Iván, Jesús y Juan Carlos.


.....Queridos padres, compañeros, profesores y demás asistentes. Amigos todos, pues en este camino sólo hemos podido hacer amigos.
.....Nos gustaría empezar con unas pocas palabras que honrasen todo lo vivido y aprendido. Y es que cuesta tratar con justicia todo este tiempo sin pararnos a pensar en todo lo que para nosotros ha significado. Han sido cinco años los que hemos pasado en esta casa, cinco años, pero parándonos a pensar parece que fue ayer cuando llegamos, cuando admiramos por primera vez estos muros de piedra, cuando nos sorprendimos con nuestra enorme biblioteca. Y es que Cronos nos es esquivo. Cuando creemos que lo tenemos entre manos, ya se ha ido. Si lo perseguimos, jamás se dejará atrapar, porque Cronos supera al humano entendimiento, tempus fugit.
.....Ahora, al mirar atrás, recordamos nuestro primer día en este caviladero, nuestra impresión bogando en un mar de apuntes, nuestros nervios traidores que durante tantas vísperas nos acompañaron, las numerosas visitas a nuestro particular pasillo ya fuera para esperar calificaciones cruciales, ya para examinarnos, nuestros desayunos a contrarreloj para llegar a tiempo a la siguiente clase (atragantamientos incluidos), o nuestras eternas jornadas en la biblioteca en el sitio de siempre. Recordamos a profesores prendiendo luces en un camino de oscuras dudas, personas que supieron entender nuestras metas e inquietudes, amigos que supieron alegrarnos esta senda en los momentos más duros.
.....Valga dar ahora nuestro agradecimiento a todas estas personas, mas creemos que no será el que se merecen. Quizás algunos profesores nos regalaron menos tiempo de lo que nos hubiera gustado, pero los tenemos en igual estima que al resto. Pues todos y cada uno de ellos aportaron su granito de arena, su labor, sus ganas, su conocimiento, su entusiasmo y, sin duda alguna, su corazón. Durante este tiempo, en nuestra senda hemos encontrado trabas, dificultades y momentos duros, pero siempre hemos contado con el apoyo de nuestros padres. Ellos han sido luz de guía en este camino, a ellos hoy les queremos agradecer que hace ya cinco años nos apoyaran al adentrarnos en el canoso mar de la filología clásica. A ellos no les importó que siguiéramos nuestro corazón, que eligiéramos una carrera que la sociedad y muchas de nuestras autoridades rechazan y menosprecian, nosotros elegimos y ellos aceptaron porque nos quieren. A todos ellos, a los que están y a los que nos dejaron por el camino, ¡gracias por todo!
.....Unas palabras de enorme agradecimiento también deben dirigirse en el día de hoy a nuestras parejas. Ellas han sido motor de nuestras vidas y apoyo de nuestras decisiones. Ellas han aguantado nuestras largas jornadas de estudio, nuestros enfados ante exámenes imposibles, nuestra dedicación casi plena a esta carrera... Y es que como dijo el filósofo: 'Amar es encontrar en la felicidad de otro, tu propia felicidad'. Pues han sabido ver que parte de ella se encontraba en nuestros estudios, en completar esta etapa que sin duda nos ha marcado y nos marcará para siempre.
.....Precisamente es en estos momentos cuando más nos enorgullece haber elegido este sendero, éste y no cualquiera de los otros muchos que alguna vez nos fueron aconsejados como preferibles, simplemente porque desde fuera parecía más tranquilo, más seguro. No, nosotros elegimos el sendero de las palabras, de las letras, del conocimiento que renace día a día a través de océanos de tiempo para ser descubiertos una vez más por la curiosidad de algún estudiante. En estos momentos, en un mundo poblado de progresos y que no por ello progresa, lleno de tecnología y abundante en vacíos, más que nunca tenemos conciencia del valor incalculable de las letras que ahora ya forman parte de nosotros. Reducir nuestro aprendizaje a un compendio de reglas gramaticales, tópicos literarios, teorías y libros, es una terrible equivocación, igual de grande quizás que considerar al latín y al griego como simples lenguas muertas. Podemos sentirnos orgullosos de llamarnos filólogos.
.....Anabel, Eugenia, Jesús, Juan Carlos, Iván, llevamos mucho tiempo esperando este momento.
.....“¿Habremos aprendido algo para entonces?”, nos solíamos preguntar en los primeros días. Se trataba del juego de la liebre y la tortuga, sólo que sin liebre.
.....Todos somos tortugas. No sólo los filólogos clásicos que hoy nos licenciamos, sino también nuestros camaradas de Hispánicas e Historia. Todos hemos ganado. Hemos construido lo que nos parece nuestra Torre de Babel particular, pero nos esperan nuevas ambiciones y proyectos que llevar a cabo. Hoy no celebramos un fin, sino un nuevo comienzo; no la meta alcanzada, sino las metas futuras.
.....Por descontado, nos llevaremos con nosotros los mejores recuerdos de la familia que hemos formado aquí profesores y alumnos. Cosas como el maravilloso viaje a Grecia que hicimos en 2007; conversaciones de sintaxis griega que derivan en debate sobre el peso de los cerdos; cierto profesor que en medio de un examen pregunta por su lápiz sin saber que lo tiene en su oreja; la explosiva mezcla que hemos llegado a experimentar entre la literatura latina y el inefable Chiquito de la Calzada (sí, esas mismas caras pusimos nosotros la primera vez). Con vuestra venia, no diremos nombres pero es obligada una mención especial a nuestro querido don Luis Charlo, leyenda viva de la Filología Clásica pero sobre todo de humanidad. En cierto día nos llamó la atención sobre un anuncio que había leído en Internet: “se pintan casas a domicilio”. Quien pase por su despacho todavía escuchará nuestras carcajadas.
.....Señores, amigos, tenemos motivos para estar orgullosos. Hemos conseguido algo importante, además de un título. Nos llevamos de aquí amigos, familia y buenos sentimientos. “¿Habremos aprendido algo para entonces?” Sí, lo hemos aprendido. Por todo ello, esto no es ningún fin, sino un punto de inflexión para llegar a nuestro verdadero destino. Ítaca está todavía muy lejos.

(En la imagen, caricatura de la orla, de María del Favero, otra alumna en puertas de la graduación)

L'Immagine Ritrovata (en el recuerdo)



Hoy trae El País un artículo ("Películas en la UCI") que me ha devuelto al verano de 2002. Está dedicado a L'Immagine Ritrovata, ese hermoso proyecto que comenzó en Bolonia una década antes, en 1992, hijo de los recursos municipales, y que ha crecido ya hasta convertirse en una referencia mundial en la recuperación, mediante técnicas fotoquímicas y digitales, de películas antiguas, mudas o no, dañadas por el tiempo. Después de la delicada restauración, algunas de esas joyas son proyectadas gratuitamente cada mes de julio en la Piazza Maggiore, convertida en ocasional cine de verano, ante la majestuosa e inconclusa basílica de San Petronio. Gracias a una beca del MEC y por mor de un proyecto de investigación, en 2002 pasé los meses de julio, agosto y septiembre en la Universidad de esta bella y culta ciudad del norte de Italia. Frecuentamos mucho esa plaza, corazón de la urbe con más soportales -eso dicen- del mundo, en las tórridas tardes italianas. Y algunas noches acudimos a ese mágico cine, siempre repleto, en especial de los boloñeses o inmigrantes que no podían permitirse escaparse a las playas del Adriático, así como de los pocos turistas que recalaban por allí camino (o de vuelta) de las castigadas Florencia y Venecia. Recuerdo especialmente dos cosas: el silencio respetuoso y ejemplar del público, y la proyección de El ladrón de bicicletas (en plural en el original: Ladri di biciclete, 1948) de Vittorio de Sica. Mi hija (una bella bimba, según la piropeaban), que entonces tenía tres años y medio, lloró emocionada ante las vicisitudes de los inolvidables Enzo Staiola y Lamberto Maggiorani. Lástima que no recuerde nada de aquello, pero para eso estamos su madre y yo (y ahora esta entrada), para recordarle que aquella noche tuvo un privilegio pocas veces repetible.

Un microrrelato para mirarse desde arriba


UNA COSTUMBRE ANCESTRAL


... Desde hace algún tiempo, todos los días, tan pronto me despierto, y poco antes de que lo hagan mi mujer y los niños, me elevo un palmo sin hacer ruido, asciendo despacio y sobrevuelo mi dormitorio varias veces en círculos silenciosos. Esta costumbre familiar, que heredé de mi padre, quien a su vez la recibió de mi abuelo y éste, de mi bisabuelo el inglés, el primero y único de la saga que fue piloto de aviación, empezó en circunstancias heroicas, allá por la primavera de 1918.
. ..Mi bisabuelo acababa de despegar del suelo londinense en su Sopwith Camel, un pájaro portentoso y único en la contienda, y en el aire recibió instrucciones para cruzar el Canal de la Mancha y unirse a un escuadrón que perseguía al temible Barón Rojo, cuyo Albatros D. II había sido avistado en el cielo de Normandía. Mi bisabuelo se atusó el bigote hirsuto y, pensando en la jornada que tenía por delante, sobrevoló su casa de Whitehall varias veces antes de enfilar rumbo al continente. Podría pensarse que se despedía así de la familia, temiendo ser abatido en acto de servicio en aires extranjeros. Sin embargo, mi abuelo siempre mantuvo que su padre era un hombre dado a la reflexión de altura, un halcón que solía otear, calibrando objetivos y éxitos, los territorios conquistados de su vida.

(Imagen del Sopwith Camel británico)

Cine de verano, eclipse y sacrificio estival



.....Hay sacrificios que se hacen con voluntad de martirio; hay otros que se hacen sin saberlo, o, aunque se intuya cierto trance doloroso al principio, sin imaginar que esa punzada inicial en las entrañas puede devenir sacrificio con víctima propiciatoria, mola salsa y altar humeante. Y dirán mis lectores a santo de qué tanto preámbulo.

.. .Más de una vez he cantado las bonanzas de los cines de verano, algo de lo que mi generación y generaciones anteriores gozábamos cada año. Mis recuerdos están unidos al perfume de dama de noche, a la brisa nocturna que emergía del mar y a las voces y exabruptos de algunos espectadores expertos en comentar la película a voz en grito.

.. .Aquí, donde suelo veranear, hay un cine de verano con tres salas. Pocas cosas más toscas se ven en la zona: cuatro altas paredes principales, hasta hace poco con el enfoscado a la vista, y tabiques paredaños añadidos para que el proyecto no pierda el tren de los multicines. El suelo es de grava, y junto a los millones de guijas duermen otras tantas cáscaras de pipas, lo cual siempre me hace pensar que la función de un suelo tan polvoriento e irregular es precisamente disimular dichos despojos diminutos; o lo que es lo mismo, eximir de la ardua tarea de barrer un cine triple.

.. .Si soy más exigente en los cines de invierno, apenas lo soy en los de verano. Un bocata, una cerveza y un paquete de pipas bajo las estrellas suelen compensar cualquier despropósito. Sin embargo, anteayer sucedió lo contrario. Propuse a mi mujer, a mi hija y a una amiguita de la misma edad (11 años) ver la última entrega de Shrek. En la entrada del cine se sumó otra amiguita, aunque ésta ya había visto la película. En cartel estaban además Toy Story y Eclipse. Cambiamos allí mismo por ésta última, que las tres niñas pidieron con vehemencia. En mi ignorancia, y con ayuda de la cartelería, sólo alcancé a saber que es una de la saga de Crepúsculo: pasto para adolescentes.

.. .Jamás conocí bodrio tal. A los diez minutos, eché una mirada a mi reloj y comprendí que el martirio no había hecho más que empezar. Poco después le confesé a mi mujer que no me enteraba de nada, salvo de que unos niños blancos, pijos y guapos, discutían con otros niños guapos, pieles rojas, lobos de ocasión. Vampiros y licántropos a la greña a plena luz del día, con el instituto y la graduación como fondo de decorado. Sin esfuerzo (por repetido en la película hasta el hartazgo) supe que una moza humana con ansias eternas de sangre estaba en el ojo del huracán. Repito, nunca he visto nada peor. Actores inexpresivos, diálogos estúpidos, argumento insustancial, el manido amor de dos jóvenes por la niña más guay del instituto. Y entre tanto mordisco y rotura de miembros (¿de escayola?), mensajes conservadores: el matrimonio y el sexo, por este orden. Para colmo, de las dos salas contiguas llegaban continuamente sonidos de escenas trepidantes y lluvia de griterío. Mientras yo me revolvía en la silla de plástico, terminado ya el paquete de pipas, mirando el reloj y deseando que acabase aquel suplicio, era evidente que a ambos lados bullía la acción.

. ..Han pasado pocas horas y aún siento las manos del arúspice hurgando en mis entrañas sobre el altar. Espero, al menos, que el pronóstico haya sido bueno. Parece que mañana puede llover sobre la isla de Siltolá...

Estampas de Cabo de Palos: Lo que no ven los ojos dormidos


Así amanece cada día en la costa de Cabo de Palos (Murcia). Recién abiertos por el calor, invocando la brisa tempranera que ya empieza a enredarse en las pitas del acantilado, los ojos humanos se asoman al Mediterráneo y, sin esperarlo, se encuentran con este espectáculo portentoso e irrepetible, por más que suceda cada jornada. Entonces viene al recuerdo la creencia antigua según la cual, durante la noche, el carro del sol recorre un camino de bóvedas secretas por el interior de la tierra, para volver a salir y hacerse visible a la hora mágica del alba. De esa tierra interior y submarina emerge ahora, apaciguados sus rayos aún por este baño matutino que queda prendido en sus pies, como quedan prendidas las horas felices que se resisten, chorreantes, a caer en el olvido.

Acaso un microrrelato dental


Goliat es más vulnerable en verano

Para Luis Charlo,
que me visita a menudo en silencio

Golpeé los dientes como solemos hacerlo los huesos, evitando que rebañasen con sus rodeos los minúsculos trocitos carnosos que siempre se nos quedan adheridos y suelen tener el mismo destino que nosotros: el cubo de la basura. En ello estaba, pugnando para evitar que se llenase la boca de jugo rojo, batallando para que no soñase que se comía de un bocado todo el mar del verano, cuando me di de bruces contra un molar que no había visto en la oscura retaguardia. Tan violento fue el embate, tan brusco el choque, que me sentí mutilado, desprovisto de una lasca de mi cuerpo que correría la misma suerte que el resto de la cereza: ser deglutido en el asqueroso bolo alimenticio. Pero como la fortuna siempre ayuda a los valientes, hubo un instante de silencio e inactividad y desde las profundidades llegó un estrépito de cristales. Descubrí entonces que el menoscabo no era mío, sino de ese molar envejecido, sin duda un soldado de reserva desacostumbrado a estos duros lances estivales. Dolorido o, cuando menos, preocupado replegó las filas y me escupió contra el plato en un amasijo de jirones pulposos. El miembro mutilado del molar me acompañó en la caída y, al estrellarse contra la cerámica blanca, salió rebotado como un proyectil obsoleto.

(Imagen tomada de http://www.espaciomix.com/articulos/dientes-sanos.html)

Merino, Calvino y la lectura


Alterno en estos días la lectura de Historias del otro lugar de J. Mª. Merino con las Cosmicómicas, de Italo Calvino, mientras escribo algunas páginas de ficción y preparo una comunicación para un congreso en octubre en tierras aragonesas. Quiere este julio amable que disfrute con la lectura con mayor aprovechamiento, no porque en otras ocasiones y meses no me aproveche, sino porque no siempre se lee con los cinco sentidos puestos en ello. A veces leemos con parte del pensamiento deambulando por otras regiones, de lo cual solemos darnos cuenta al final del párrafo, cuando, de vuelta al libro, nos preguntamos: ¿me he enterado de todo? Y nos queda la impresión de que una parte, acaso no relevante, se nos ha ido entre los dedos. Entonces hay lectores, entre los que me cuento, que hacen una segunda lectura-barrido del pasaje, para concluir quizás con el mismo, o poco más, conocimiento. Pero, como digo, quiere julio que, pese a la playa y sus voces, sus rumores y relumbres, estas lecturas hagan que me sienta satisfecho con mi oficio de lector. De Merino ya he leído muchos cuentos, y poco voy a decir de él en este blog, a cuya ventana se acercan tantos lectores suyos. Sin embargo, algo diré de Italo Calvino. Llevo ya leídas varias obras suyas, a cuál más soprendente. Si ya me sedujo hace años la trilogía Nuestros antepasados, no menos disfruté con esa joya deliciosa que es Las ciudades invisibles. Y ésta que ahora leo, las Cosmicómicas, confirman ante mis ojos que en Calvino la extraordinaria capacidad de fabulación estaba divinamente tocada por la gracia de la ironía y de pinceladas de un surrealismo divertido. Las Cosmicómicas (Tutte le cosmicomiche en el original italiano) no es ciencia-ficción al uso, no mira al futuro inquietante de máquinas y hombres, sino que, partiendo de una serie de hechos de física, astronomía y evolución, el lector viaja a los orígenes remotos de la vida en el universo según las vivencias de una serie de personajes innombrables (Xlthlx, Bb'b, Z'zu, Rdix...), con Qfwfq como narrador-memoria. He de reconocer que, al leer "La distancia de la luna", también yo he sentido atracción por los pechos voluptuosos de Vhd Vhd, la mujer del capitán, y el deseo de sumarme a los esfuerzos de los personajes por ayudarla a subir por la escala desde la barca a la luna. Pero la vida de quienes no somos ficción tiene sus muchas limitaciones, ay.
(En la foto, Italo Calvino)

ZP cabalga a lomos del Estado de la Nación por la senda...


Hoy miro el mar desde la terraza con sosiego, pero ayer cabalgué a lomos de la crisis, a lomos del mercado laboral y hasta a lomos de algo tan áspero como el Estatut. Y lo hice, lo hicimos, por la senda no del crecimiento, sino del hastío y del hartazgo. Porque, ¿qué fue el debate sobre el Estado de la Nación, sino la expresión más cínica de los consabidos clichés lingüísticos y circunloquios para escurrir el bulto, sobre todo en boca de ZP, vaquero cabalgador por sendas intransitrables? ¿Qué fue el debate sobre el Estado de la Nación, sino el retrato de la ineficacia, la torpeza, la ineptitud, el cinismo y la cobardía de los dos políticos que encabezan la cosa pública? ZP, como mártir de la crisis, ofreciendo su inmolación como político por el bien de la patria (ya podía inmolarse en este mismo momento, y tendría nuestro más solemne agradecimiento); Rajoy como perro que no suelta presa, pero incapaz de señalar otra senda. Y no es que yo crea que la única senda es la de ZP y su naufragado gobierno. Ése es el problema, que tenemos dos melones para escoger y los dos están agrios. Menos mal que, al menos ayer, hubo un político de altura en el Congreso: Durán i Lleida (en la foto).

PD.: ¡Cómo ha destrozado este PSOE malhablado nuestros recuerdos del Senda, aquel libro de lecturas de la infancia!


Un microrrelato de Ángeles Prieto



Ambición del insecto



Una antena, luego la otra, estirando el tórax apenas puedo aferrarme a estas sinuosas y redondeadas formas que dejan entre sí algunas oquedades amables, aquellas en las que reposar y mover las patas. Pero asciendo sin descanso porque Dios es benéfico y con sus dedos me auxilia recortando la cima, acercándome al éxito. Y quiero llegar a él, ser suya.

Cuatro tramos más arriba, tal vez tres, se verá cumplido mi destino. Aunque con seguridad el futuro que me espera, como a tantas compañeras, no tenga otro fin que ser arrojada de un manotazo y pisoteada luego. Sólo cuento con la posibilidad de esconderme, introduciéndome en la próxima pieza para, una vez en su boca, explotar por fin con el sabroso jugo de uvas que corra fresco por su garganta divina.




Autobiografía. Aprendiz de escritora. Alegre gaditana bendecida con el privilegio de haber estudiado vida, andanzas y literatura con Daniel Moyano, se esfuerza en mejorar y publicar antes de alcanzar la vejez, ahora llamada edad terciaria. Licenciada en Historia por la Universidad de Cádiz, doctoranda en infumables sermones del siglo XVIII, ejerce actualmente de profesora de educación vial recitando sermones, igual de infumables, a fin de que los motorizados adolescentes de su provincia usen casco de protección, respeten las normas y no atropellen a nadie. Últimamente ha conseguido publicar en la prestigiosa revista Clarín de Oviedo, quedar segunda en el concurso de cuentos “Ciudad de Huesca” y disfrutar de la amistad literaria de los mejores poetas y cuentistas del país.


Comercios de por ahí


Me encuentro en el altiplano de La Laguna este portal, coronado de carteles que ofrecen variada mercadería. Ante tal oferta, no sabe el visitante qué despierta mayor interés, si el picoteo de la Cocina de María, los vinos y las exquisiteces de La Reserva o esa Escuela Canaria de Creación Literaria. Bien mirado, todo cabe en el fogón de las Letras.

Islas, calores y ardores patrióticos

...
Durante unos días estos Silenos tendrán la puerta abierta de par en par para vosotros, pero la ventana por la que yo me asomo estará entornada. Estamos en islas de fortuna antigua, en mitad del Atlántico. Me dicen que una ola de calor asuela la Península, aunque supongo que el partido del miércoles se llevará esos calores y traerá otros ardores. Nada como la suma de patria y deporte para que el mundo gire en otra dirección. Yo, que peco de ser nada futbolero, saldré a pasear junto al mar, porque allí la espuma rompiente todavía puede ahogar el grito unánime de exaltación golera. Abrazos a mis lectores.

Aurora Luque y Hércules náufrago



Traída por el viento del este, anunciada por rosáceos dedos, Aurora Luque llega a Cádiz para poner voz y poesía al Hércules Gaditano, al héroe de bronce que hace casi dos décadas emergió de las aguas de Occidente como náufrago mutilado y mordido en las profundidades. Llega Aurora, pues, a los confines del mundo conocido en la Antigüedad, semillero de prodigios y surtidor de islas y jardines míticos. Invitada por la Asociación Qultura, llega para clausurar la temporada de esa hermosa iniciativa que es "Voces en el Museo". Una reliquia y una voz que la glosa, la celebra, la ilumina. Y lo hace Aurora con la calidez de sus versos y el sustento de otros poetas. Porque este Hércules cojo y manco fue una vez íntegro viajero, castigador de monstruos y buscador de tesoros imposibles. Como las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, que acaso llevaba, cual preciado racimo, en la mano izquierda ahora cercenada. Ahí se detiene Aurora, cautiva del jardín y sus espesuras, y logra salir suspendida en la cresta de las olas en dirección a las aguas aledañas del templo de Melqart-Hércules, en el islote, aplanado por los vientos, de Sancti Petri. Va y viene Aurora de Oriente a Occidente, de Grecia a Hesperia, con las alforjas repletas de versos luminosos. Si este Hércules se detuvo alguna vez en la célebre encrucijada, condenado a elegir entre la sabiduría y la belleza material, no hay duda de que preguntó a Aurora qué camino debía tomar.



(Aurora Luque ante la estatuilla. Pilar Vera presentando a Aurora. Fotos de Ana Rodríguez Tenorio)