Juan Gil Fernández al sillón "Q" de la RAE



El sillón "Q" de la RAE está vacante desde el fallecimiento del psiquiatra y humanista Carlos Castilla del Pino. Ahora hay dos candidatos que se lo disputan: Juan Gil Fernández (Madrid, 1940) y Pedro Álvarez de Miranda (Roma, 1953). No conozco la labor filológica de Álvarez de Miranda, pero sí la de Juan Gil, ya que fui alumno suyo en la Universidad de Sevilla y soy uno de sus discípulos en la carrera investigadora. Catedrático de Filología Latina de la Universidad de Sevilla, Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense, donde también impartió docencia, ha dado cursos y pronunciado conferencias por invitación en numerosas universidades y centros de investigación españoles y extranjeros, entre los que cabe destacar UCLA (EEUU), UNAM (México), Nihon University (Mishima, Japón). Su labor investigadora ha abarcado numerosos campos de la Filología Clásica y la Historia. He aquí sólo una muestra de sus publicaciones: 24 libros (algunos de los cuales han merecido traducción a otros idiomas, como italiano, francés y japonés), 7 libros en colaboración, 41 capítulos de libros, 194 artículos en revistas científicas, 37 reseñas, 18 artículos de periódico, etc. Ha sido pionero de los estudios de Latín Medieval en España, gran impulsor de los estudios de tradición y pervivencia del mundo clásico, así como introductor de los estudios filológicos del Humanismo Latino, y todo ello sin haber abandonado la investigación en los aspectos centrales de la Filología Latina, como queda mostrado por su importante contribución a la Crítica Textual y al establecimiento del texto de los autores antiguos. Ha formado una de las más sólidas escuelas de investigación de España sobre el latín humanístico, esencialmente a través de la dirección de una treintena de tesis doctorales (muchas de ellas publicadas). En octubre le dedicaremos en Alcañiz (Teruel), cuna de grandes humanistas del s. XVI, el V Congreso de Humanismo y Pervivencia del Mundo Clásico. Para terminar diré que posee una de las cabezas más lúcidas y cultas que he conocido. Por todo ello, si uno pudiera votar en la RAE, no lo dudaría: JUAN GIL para el sillón Q de la Academia.



(Imagen: Juan Gil Fernández)

Placeres menudos


Regreso de un viaje fugaz a Dos Hermanas (Sevilla), donde añoche celebramos el cumpleaños de una buena amiga. Antes de visitar esta mañana la estupenda exposición "El joven Murillo" en el Museo de Sevilla, ya sentíamos el rompimiento de gloria en el cielo primaveral, preñado de azahares. Después del Diluvio, la tierra recompone al fin su cuerpo y nos brinda nuevos placeres. Ahora tomo un té y escribo, mientras de la cocina llega el olor dulzón de las torrijas. Y, para colmo de placeres, en mi estudio suena la trompeta de Paolo Fresu, el magnífico músico sardo, en un cd de la serie Jazz italiano live 2009 que mi mujer me acaba de traer de Roma. Hay días plenos en su sencillez.





(Paolo Fresu en el Festival de Jazz de Vicenza, 2006. Fuente: Wikipedia)

"El autobús circular" en la ESO


Anoche, poco antes de acostarme, un correo electrónico me alegró un día duro de trabajo. Un estudiante de 4º de ESO me escribía para preguntarme muy respetuosamente por el significado de algunas frases de mi microrrelato El autobús circular, que su profesora les había puesto en clase como lectura. Como es natural, le contesté, agradecido, de inmediato, y esta mañana tenía su respuesta, también agradecida. He aquí el milagro de internet, porque dudo mucho de que esa profesora haya conocido el relato en el librito que se editó el año pasado en Montcada, dada su difícil distribución. Mi agradecimiento para ella. Como también soy docente, sé el respeto que un profesor tiene al texto que elige para sus clases.

(Portada del librito Microorganismes (Montcada, 2009)

Los pederastas de la Iglesia


Hay momentos en los que el Sr. Humano huele a podredumbre. Nos toca vivir uno de ellos, porque no recuerdo etapa de mi vida (y ya tengo unos años) en la que hayan confluido tantas perversidades humanas. Atentados terroristas en medio mundo, despariciones de niños (¿qué diablos ocurre en las Islas Canarias?), explotación infantil en todas sus facetas perversas (laboral, sexual, militar), trata de blanca, asesinatos de mujeres, conductores suicidas y/o asesinos, jueces de dudosa imparcialidad, políticos corruptos (y cínicos, muy muy cínicos), etc., etc., etc. Por si el panorama no fuese para vomitar todos los días al abrir los ojos, por si la crisis económica brutal no fuese suficiente para llorar después de vomitar, ahora se produce otra conjunción planetaria (no la necia conjunción predicha por Pajín): de un lado el sexo en su vertiente más nefanda y cosmopolita, de otro, la Iglesia Católica, su doble moral y sus silencios. A fuerza de tanto pederesta en su seno (¡Dios mío, cuántos van ya!), conseguirán que nos habituemos a esta miseria moral, como parece que ya nos hemos habituado a contemplar el hambre en un tercio del planeta como si contemplásemos las nubes o el vaivén de las olas. Ahora el asunto llega hasta el corazón mismo de la curia vaticana. ¿Cuándo va a comprender la Iglesia que el celibato impuesto a sus miembros es causa y raíz en buena parte de esta peste? ¿Qué hará ahora Ratzinger, una vez demostrado con documentos que hasta su persona llegaron las denuncias de los abusos de L. C. Murphy y, con el pretexto de que estaba enfermo, miró para otro lado? No hay reparación posible para la legión de violados que acumula la Iglesia (sólo Murphy tuvo a unos doscientos niños sordos en sus manos), pero sí hay, al menos, un principio de esperanza en que las cosas cambien: la expulsión fulminante de cuantos conocen, amparan y silencian la criminal sexualidad de estos personajes, con carácter retroactivo y llegando incluso hasta arriba, hasta el sillón de Pedro. A lo mejor hay suerte y los políticos españoles siguen el ejemplo y, por una vez en la historia de las dos últimas décadas, son cesados o dimiten quienes no merecen seguir ni un minuto más robando o mintiendo con absoluta impunidad.

(Imagen: cartel de la película La mala educación,
de Almodóvar, en un cine de Creta. Fuente Silenos)


Unicaja de Relatos: premio fantasma


Hay premios que acuden cada año, engalanados y puntuales, a su cita con los medios, aunque en su haber acumulen fallos pendientes. Hasta tres suma el Unicaja de Relatos: las convocatorias XIX (2007), XX (2008) y XXI (2009). Y, no obstante, hace poco más de dos semanas los responsables comunicaban la apertura de la convocatoria para 2010. ¿A qué se debe esta alarmante demora? ¿A un aluvión de relatos tal, que el jurado no da abasto y, ya se sabe, la tarea de ayer se arrastra para mañana? Quizás tenga algo que ver el hecho de que en Andalucía los miembros de los jurados literarios sean sota, caballo y rey. Lo dicho: un premio fantasma. ¿Quién será el insensato que participe hoy para saber el fallo, pongamos, dentro de un lustro?



II Encuentro primaveral en Los Toruños


Ayer, en el Parque Metropolitano de los Toruños y Pinar de La Algaida (Cádiz), se celebró la segunda jornada del II Encuentro que coordina, desde que alumbrara la feliz idea el año pasado, la profesora y poeta Charo Troncoso. Aunar actividades culturales y lúdicas, relacionadas estrechamente con la primavera entrante, es el objetivo de estas jornadas, que hoy continúan con varios actos, entre ellos un concierto de Javier Ruibal. Ayer, cuando mi hija y yo nos acercamos pedaleando hasta allí, nos encontramos con un edificio de reciente factura, titularidad de la Junta de Andalucía, que sustituye a la carpa, velador y bancos de madera del año anterior. Es un recinto con varios patios y dependencias en derredor, un centro de intepretación de esos que tanto abundan ahora, con pantallas digitales y paneles informativos. Si el año pasado los recitales de poesía y otros actos se hacían al aire libre, bajo el ruido del gentío acodado en la barra del bar, este año hay salas cubiertas con megafonía. Se ha ganado en infraestructuras, pero se ha perdido en calidez y, me temo, en contacto con la naturaleza. Ayer, como decía, tuvimos ocasión de ver En medio de las olas, la película documental que el poeta Luis García Gil y Pepe Freire filmaron en 2009 para rescatar la memoria del padre del primero, José Manuel García Gómez, poeta y dinamizador cultural en el Cádiz de los cincuenta del siglo XX. Luego Luis, Charo Troncoso y Eduardo Flores presentaron el Aula de Poesía José Manuel García Gómez, un proyecto incipiente, iniciativa de Luis, que pretende convertirse en lugar de encuentro de poetas, y en el que servidor también arrimará, dentro de sus posibilidades, el hombro. La mañana se alargó con un concierto de José Luis Pineda, que presentó su disco Olla de Grillos, una docena de poemas cantados con esa voz preciosa de Pineda, que a mí me recuerda en muchos de sus relieves a Silvio Rodríguez, aunque menos aguda y más sutil. Un descubrimiento, he de reconocerlo. Como lo fue también ver en el escenario al escritor Alejandro Luque palmeando el cajón. Lástima que hubiese poco público para distrutar de este delicioso concierto. Hoy, más en Los Toruños.

(Un momento del concierto de J. L. Pineda)

Recetario de antaño


A Pastora Valderas,
in memoriam

Preocupada por el estado de preñez continuo de su joven convecina, Gertrudis anduvo en contactos. Unos días antes de que la joven rompiera aguas, se entrevistó a escondidas con una puta en El Palmeral y le preguntó por sus secretos para eludir el embarazo. No debió de parecerle un remedio digno, porque el mismo día del parto visitó a una muy reputada echadora de cartas que decía conocer como nadie los entresijos del mundo. Le pidió consejo y escuchó atenta la receta de la vieja. Durante la cuarentena, la joven debía tomarse una sopa entera de pichón diariamente, pero con un pichón diferente cada día. La joven preguntó a Gertrudis si sus hijos podían también tomar la sopa, y ésta, henchida de magisterio, respondió afirmativamente. Sin embargo, no tardó la joven en anunciar una nueva preñez, para pasmo de Gertrudis, que corrió a casa de la echadora de cartas en busca de explicaciones. La vieja, que en ese momento bruñía la bola de cristal, le preguntó si había seguido al pie de la letra sus instrucciones. Gertrudis se marchó de allí con la esperanza de que, al menos, la sopa hiciera efecto algún día en la hija mayor, que ya por entonces empezaba a florecer.

(Extracto del libro inédito La mengua de los cuartos)

(Imagen tomada de www.mercadolibre.cl)

Mundo pesante


Atlas soporta el peso del mundo sobre sus hombros, pero no siempre pesa lo mismo. Pesa más el mundo atardecido, cuando el vaso del Océano está colmado y el agua rebosante cae mojando los cabellos del gigante; cuando los bosques, los valles y las montañas duplican el volumen de sus misterios; cuando las vainas vacías de las horas se amontonan por millones en las calles de las ciudades; cuando las promesas de la luz declinan y todo se cubre con una costra cenicienta de decepción. Entonces Atlas ha de esforzarse en sostener la gravedad de los mortales hasta que el sueño nocturno les devuelva la esperanza.






(Atlas de Farnese. Museo Arqueológico Nacional de Nápoles)

Hoy, cazado al vuelo


9,30 de la mañana. Una plaza cualquiera de Cádiz, abierta en canal, como en tantas ciudades españolas (hay mucho cirujano en los ayuntamientos: abre, cierra, abre, cierra...):

- ¡Quillooooo, miravé si hay jagua en el joyoooo!

Imaginad que en ese momento un/a estudiante Erasmus, en liza inicial con el castellano, pasara por allí. Perlas del idioma.


Un microrrelato divinamente numérico


EL CÓMPUTO

.....Según la última estimación del difunto, firmada ante notario pocas horas antes de fallecer, la biblioteca atesora 14.333 libros. Como no era la única apreciación contable que hacía de sus pertenencias, aquello también fue interpretado como un indicio más de que el anciano lector presentía su final. Jorge Luis decide contarlos, convencido de que el abuelo ha exagerado.
.....Anochece cuando entra en la biblioteca. Abre el primer volumen, ubicado en la balda primera de la primera estantería, exactamente Nel mezzo del cammin di nostra vita. Cuando Jorge Luis cierra el último volumen para devolverlo a la última balda de la última estantería, ya clarea en el cielo, a través del ventanal, l’amor che move il sole e l’altre stelle. El cómputo del abuelo era exacto: 14.333 volúmenes del divino libro.


(Imagen: impreso de Alcazar imperial de la fama del Gran Capitán,
la Coronación y las Cuatro Partidas del Mundo. Fuente: B. UniZAr)

Humilde homenaje a Delibes


A Miguel Delibes,
a quien saludé en
El camino
y despedí en
El hereje

LA SEGUNDA OPORTUNIDAD

.....El cuervo sabe que tiene una segunda oportunidad. Posado en la rama del abedul, mira de reojo hacia el sendero por donde viene cavilando la zorra. “Esta vez no, zorra”, se dice para animarse, y aprieta con el pico la porción de queso. La zorra cumple el papel que tiene asignado:
.....─Dicen que tu voz es hermosa, cuervo, digna de ser exhibida en la Scala de Milán, pero que eres muy tímido para abrir el pico. Si quisieras, yo podría convertirte en un Pavarotti. Hace años fui mánager de un loro que, después de vivir con los humanos, contaba chistes de alcoba. Lo hice famosísimo.
.....El cuervo aprieta el queso, sin quitarle de encima el ojo negro, sin mover una pluma. Entonces la zorra descubre que algo va mal, que el pájaro se está saliendo del guión esópico. Se marcha por donde vino con el hocico rastrero, murmurando para sí:
.....─¿Y ahora qué hago yo con mi honra?
.....Exultante por haber vencido, el cuervo salta en la rama y grazna a los cuatro vientos, mientras el queso cae al suelo y rueda hasta las patas de la zorra:
.....─Sólo un tonto vanidoso como tú, cuervo, desaprovecha una segunda oportunidad. Por cierto, tienes una voz horrorosa, indigna de la Scala de Milán.

Horacio Vázquez-Rial en la Universidad de Cádiz



.....Ayer asistimos a una nueva entrega de uno de los proyectos más consolidados (de los muchos y buenos que tiene) del Vicerrectorado de Extensión Universitaria de la UCA: las Presencias Literarias. Desde 1995 son muchos los escritores que han pasado por este rincón para, sencillamente, conversar sobre aspectos diversos de su obra y su vida. Entre otros, Clara Sánchez, Rodrigo Fresán, Álvaro Pombo, Joan Margarit, Cristina Peri Rossi, Carlos Edmundo de Ory, Juan José Millás y Luis Mateo Díez.

.....Presentado por la periodista Ana Rodríguez Tenorio, que ejerció de interlocutora en una charla distendida, Vázquez-Rial habló de muchos temas de interés. Comenzó rechazando que exista una literatura latinoamericana como tal, sino más bien una gran literatura en lengua castellana, con sistemas literarios diversos (coincidentes en América en gran medida con los antiguos virreinatos). Por ejemplo, el argentino-uruguayo. A partir de la célebre cita de Sthendal de que sólo la novela da cuenta de la verdad, el escritor entró en un terreno que conoce bien (es doctor en Geografía e Historia): la relación entre la escritura de ficción y la historiografía. Aunque no suele reconocerse, no hay diferencias esenciales entre ambas. La preocupación estética no es exclusiva de la ficción: de hecho hay historiadores que escriben mejor que muchos escritores de ficción consagrados. "Homero es tan padre de la historia como Herodoto". Rodríguez Tenorio le preguntó si las razones que le llevan a escribir sobre la dictadura militar de su Argentina natal suponen un ajuste de cuentas con el pasado, o más bien un intento de dar voz a quienes no la tuvieron. Vázquez-Rial afirmó en varias ocasiones que cree más en las conciliaciones que en las causas, en el ciudadano más que en el grupo. Lo civilizado es que dos personas con ideología opuesta puedan sentarse a conversar, como Bergamín y José Antonio Primo de Rivera. También habló de la desmitificación de Gardel en su novela Las dos muertes de Gardel (y las consecuencias de ello), de la maestría de Borges, de su desconocida etapa de poeta (algún día editará sus versos), del oficio del librero lector, frente al empleado vendedor de libros. También dedicó parte de su intervención a repasar los males del sector editorial, en especial la ignorancia de los editores-empresarios, tan alejados de un Lara o un Barral. Incluso tuvo palabras finales para rechazar la LOGSE ("creo que en educación España debe dar un paso atrás en el tiempo").

.....Si bien empezó algo serio, al poco tiempo Vázquez-Rial se sintió a gusto (el ambiente de estas Presencias Literarias lo propicia) y se dejó llevar por su sentido del humor. Nos hizo sonreír en varias ocasiones, en especial cuando afirmó que, cuando nadie conocía a Juan Marse, él compro Últimas tardes con Teresa porque le gustó mucho la portada. El libro, claro está, le gustó mucho más.

.....La próxima cita el 8 de abril: ANDRÉS NEUMAN.



(Imagen: Horacio Vázquez-Rial en el acto. Fotrografía de Antonio. J. González Rueda)

Miguel Delibes ha muerto


Esta madrugada Miguel Delibes ha muerto en su casa, rodeado de su familia. La noticia acaba de ser confirmada a los medios de comunicación.

La lectura y sus dolencias


Muchos de vosotros padecéis igual que yo una dolencia que no es grave, pero sí molesta: elegir el siguiente título que llevarnos a la cama (o al sofá). A veces, después de haber disfrutado con un libro, caigo durante unos días en un estado de indolencia, una suerte de negación que me hace mariposear en la elección. Calculo que, a día de hoy, mi mujer y yo hemos leído el noventa por ciento de los libros que tenemos en casa (algún día habrá que contarlos, por cierto, aunque sólo sea para exhibir méritos cuantitativos, tan considerados en estos tiempos), excluidos, claro está, los muchos de consulta que manejamos para las tareas profesionales. Si a ese diez por ciento añadimos los que, con cierta regularidad, recibo por la generosidad de sus autores o editores, el porcentaje no sólo se mantiene, sino que tiende a aumentar. Y es ahí, en ese espacio aún no invadido, donde a menudo busco la próxima lectura. Después de La máquina de languidecer de Ángel Olgoso y La ninfa inconstante de Cabrera Infante, con lecturas de poesía intercaladas (la poesía tiene esa virtud: nunca se entromete), he paseado delante de mis estanterías como alma en pena, cuando ya la familia duerme, mirando y sopesando qué tipo de lectura casa mejor con mi estado de ánimo. Porque no nos engañemos, ahí está el meollo de la cuestión: que lectura y lector armonicen en espíritu. Ayer me llevé a la cama (¿o era al cuarto de baño?) El testamento francés, de Andrei Makine, del que apenas he leído una página, aunque suficiente para despertar mi interés. Pero ayer mismo recibí nuevos libros de poesía. Javier Sánchez Menéndez (¡qué plausible labor en pro de la poesía hace este hombre!) me envía amablemente los dos últimos títulos de la colección Siltolá: Temporada de Fresas, de Pilar Pardo, y El huerto deseado, de Tomás Rodríguez Reyes, junto con el número 1 de la prometedora revista de poesía Isla de Siltolá, de la que hablaré en este blog otro día. Ya veis: isla, huerto y fresas de temporada. Se hace la boca agua. Así que de nuevo tengo una novela entre manos trufada con versos.

(Imagen: biblioteca del Archigimnasio de Bolonia. Fuente: Silenos)

Un relato veneciano


Suelo, como sabéis, dejar aquí microrrelatos de cuando en cuando, cuya extensión es propicia para la lectura (y escritura) bloguera. Pero hoy me siento generoso y he decidido colgar un relato que envié, hace ya varios años, al premio La Felguera (sorpresa: quedé entre los ocho primeros). Hurgando en el baúl de los escritos muertos, he decidido que resucite por unos días. Lo escribí en 2002, durante una corta estancia en un albergo de Venecia con balcones al Gran Canal. Paciencia.

EL ALBERGO

.....La navegación quedó interrumpida desde Ponte di Rialto hasta Ca’ d’Oro, salvo para los vaporettos del transporte público, que discurrían a través de un angosto pasillo entre la margen del Campo della Pescheria y un cordón de balizas flotantes. Aguardaban su turno en los extremos y luego pasaban muy despacio, escorados hacia estribor o babor por el peso del pasaje expectante, según navegasen hacia la desembocadura del Grande Canale o hacia la estación de Santa Lucia. Varios agentes del servicio submarino se sumergieron durante horas, con salidas esporádicas a la superficie para descansar o intercambiar impresiones.
.....Poco antes el modesto hotel se había llenando de policías que lo revisaban todo: las habitaciones, la pequeña cocina, la vivienda del piso superior, el almacén situado en la planta baja, provisto de embarcadero privado. Tres carabinieri de paisano inspeccionaban la habitación de las Musas con una lentitud exasperante. Lo tocaban todo con guantes de goma y de vez en vez introducían en pequeñas bolsitas de plástico minúsculos indicios hallados sobre la mesilla de noche, en la alfombra, en el alféizar de la ventana o en la repisa del lavabo. Lo hacían sin decir palabra, siguiendo las pautas de un proceso rutinario que aprendían en la academia y cuyos resultados no siempre eran proporcionales al tiempo y la dedicación empleados.
.....La madre de Valeria llegó en tren desde Milán pasado el mediodía. Un carabiniere barbilampiño le cerró el paso en el portal, obligándola a esperar en el callejón hasta que su jefe le permitiese entrar en el hotel. Más por asegurarse de que no tocase nada que por cortesía, otro carabiniere la acompañó hasta la cocina, donde Valeria permanecía inmóvil sentada frente a la ventana, absorta en el vaivén espejeante de las aguas del canal. Como siempre que visitaba a su hija, tan pronto entró en el hotel se dispuso a preparar café. Era un viejo ritual que reconfortaba a ambas mujeres: a Valeria porque le devolvía el olor del hogar familiar como ninguna otra evocación, y a su madre porque aguardaba con impaciencia mal disimulada el gesto de asentimiento de su hija, cual prueba de que los embates de la edad aún no habían mermado esa antigua y grata pericia.
.....Unos minutos más tarde los tres agentes salieron de la habitación de las Musas y entraron en la cocina quitándose los guantes. Agradecieron la amable invitación de la anciana y bebieron de pie, ajenos a la figura ausente de Valeria, enzarzados en el recuerdo de los goles del Inter de Milán en el partido de las semifinales. Antes de volver al trabajo, todos coincidieron en que había sido el mejor encuentro de la temporada.
.....Las voces de los policías y la de su madre exhortándola a tomar una taza de café se confundían en un rumor cada vez más ignoto, como jirones de una realidad desvaída e inquietante. Sus cinco sentidos vagaban por las estancias del hotel en busca de reminiscencias todavía prendidas en el aire, en la ropa y en los últimos objetos que Piero tocó. Y cada vez cobraba mayor fuerza la imagen de las aguas turbias socavando los cimientos en las profundidades del almacén. Las sombras que oscurecían el aroma del café en la cocina y las que en la habitación de las Musas se detenían frente a la ventana, mirando hacia fuera y señalando persistentemente el lugar del impacto, la punta redondeada y tosca de la baliza donde debió de quebrarse el cráneo, comenzaron a ceder ante los recuerdos luminosos de la víspera.
.....Cenaron temprano, en la terraza de un restaurante con suelo de pizarra y decenas de velas encendidas que arrojaban sobre el comedor una luz pálida y soñolienta. Valeria eligió sepias con crema de bróculi y piñones y Piero pidió un plato de risotto aromatizado con especias. Brindaron con una botella de Nobile di Montepulciano por el éxito del hotel, que abrirían al público al día siguiente. Con la segunda botella brindaron por la bella Serenissima, y el brindis trajo de la mano el recuerdo de la primera vez que pasearon por aquellas calles, veinte años atrás, cuando él aún no había abandonado la carrera de derecho en Bolonia y ella, más joven, acababa de terminar sus estudios en el Liceo. Allí hicieron el amor por primera vez, en un apartamento minúsculo que les prestó un amigo de Piero, un joven retratista que había cambiado durante una semana el bullicio de la plaza San Marco por la no menos bulliciosa plaza Navona en Roma. Valeria, que siempre agradecería a aquel pintor bohemio haberle regalado la noche más hermosa de su vida, había reconstruido cientos de veces en los últimos años los detalles de aquella estancia, donde alternaban láminas viejas de Matisse con fotografías del Nueva York de los años cincuenta y retratos al carboncillo de turistas sonrientes. Pero sobre todo le gustaba evocar la luz crepuscular que se adueñaba de la habitación al atardecer y que, detenida, se mecía suavemente con las ráfagas del humo de los cigarrillos.
.....Terminada la cena, pasearon embriagados durante más de una hora por el barrio de Dorsoduro, huyendo de los turistas hacia las callejas más apartadas, hasta perderse en un laberinto de canales y puentes. Valeria quiso prolongar el recuerdo de aquella primera vez tomando una copa de champán en la Divina Commedia, pero hacía tiempo que el bar estaba clausurado por amenaza de derrumbe. Se besaron recostados sobre la puerta enmohecida y en el interior sonó para ellos una vez más Sacrifice de Elton John.
.....Habían vendido cuanto poseían para comprar el edificio y convertirlo en un pequeño albergo. Y resultó ser un albergo distinto, como él quería, oculto en un callejón apartado, un refugio en medio del tumulto de la ciudad infestada de turistas. Sin rótulo ni indicación de ningún tipo. Sólo unos pocos atrevidos vencían el recelo que provocaba la sordidez del rincón en el que se abría la entrada del edificio. Piero nunca quiso cambiar ese aspecto decadente de palacete desmoronándose. Le agradaban los techos abovedados, las paredes de enormes ladrillos vistos, la escalera ancha y empinada, el olor a piedra húmeda que ascendía desde el almacén. “Las mañanas serán siempre húmedas, Valeria; será como vivir en un barco, y, aunque no se balancee bajo los pies, si prestas atención, podrás oír el crujido de las tablas estremecidas allá abajo.” También le gustaba la oscuridad inhóspita del portal, que se transformaba en amable penumbra a medida que se subía la escalera y desaparecía completamente en el primer rellano, donde la luz ya penetraba generosa a través de los visillos de dos enormes ventanales. Quienes llegaban hasta allí ya no dudaban, porque comprendían que habían encontrado una perla protegida por un espinoso caparazón.
.....Valeria, sin embargo, desconfió desde el principio de la habitación de las Musas. Se preguntaba por qué era diferente a las demás, por qué era la única en todo el hotel cuya ventana no tenía debajo antepecho de pared, sino tan sólo una exigua barandilla de hierro que apenas superaba en un palmo las rodillas. Su marido, por el contrario, supo ver en aquella diferencia un sello que la convertía en la estancia más preciada del albergo, porque era la única habitación que permitía contemplar desde la cama el paso callado de las góndolas. “Tienen la base lisa, Valeria, para poder girar noventa grados en poco espacio.”
.....La habitación tenía otra singularidad: era la única en cuyas paredes no colgaban cuadros decolorados con ramilletes de amapolas y lirios, ni tampoco espejos ovalados en marcos de tinte cobrizo que reflejaban a su vez la imagen imprecisa de los cuadros. Sólo había un gran tapiz, situado justo frente a la ventana. A pesar de que tenía el fondo marrón oscuro, orlado por una línea de conchas de color marfil, en él parecía posarse toda la luz del sol que entraba en la habitación. Representaba la danza gozosa del coro de las nueve Musas, dirigidas por un rubio Apolo coronado por una guirnalda de laurel. Debajo, en una cinta de papiro enroscada como una serpiente, podían leerse los nombres en letras griegas: Calíope, Clío, Talía, Erato, Melpómene... Parecían dichosas con su suerte, aun cuando en sus miradas opacas y en sus sonrisas de felicidad impasible había un destello perturbador.
.....La primera vez que Valeria observó los detalles de la escena (el pelo trenzado de las mujeres, los pliegues caprichosos de las túnicas, las manos unidas levemente por la caricia de los dedos, los pies descalzos de unas, calzados con sandalias de otras), experimentó el mismo desasosiego que le había embargado ante la ventana y del que, a pesar del entusiasmo de su marido, no había logrado liberarse. Durante días tuvo la tentación de encerrar el tapiz en el almacén umbrío, donde se amontonaban los muebles que no merecía la pena restaurar y un sinfín de trastos sin valor. Sin embargo, el entusiasmo de Piero la disuadió, y Valeria optó simplemente por ignorar el tapiz, de la misma manera que se propuso huir de la aprensión que le producía la ventana.
.....En los días previos a la apertura, dedicados a los últimos retoques de pintura y a la limpieza a fondo de las estancias, Piero solía bajar muy de mañana a la habitación de las Musas. Se sentaba frente al Campo della Pescheria, de cara al aire cruzado de gaviotas y palomas tempraneras, mirando cómo los vendedores de fruta y pescado se movían entre los tenderetes descargando cajas, organizando el lustre de los expositores y haciendo temblar el día recién despierto con sus voces laboriosas. Saboreaba así el primer café, un café minúsculo, apenas dos sorbos, dejando que el aire fresco le subiera por los pies apoyados en el alféizar hasta erizarle el vello de los muslos.
.....A veces también acudía en las horas lentas de la sobremesa. Contemplaba entonces los arcos en declive del lado izquierdo del Ponte di Rialto, donde los turistas se agolpaban contra la balaustrada buscando hacer la misma e insulsa fotografía que otros miles de visitantes ya habían hecho antes que ellos. Luego deslizaba la mirada hacia el conjunto de casas y palacetes que se apiñaban en la margen izquierda, flanqueados por una hilera de balizas rayadas tan altas, que casi alcanzaban las colgaduras de plantas de las terrazas del primer piso.
.....En una de esas tardes, cuando los rayos del sol reverberaban en la cruz de la torre de San Bartolomeo, Valeria se sentó junto a su marido. Presenciaron sin esperarlo el cortejo nupcial de media docena de góndolas engalanadas con ramos y guirnaldas floridas. Se detuvieron un instante en medio del canal y Valeria dedujo que la góndola en la que viajaban los novios era la que conducían dos gondoleros fornidos con traje blanco de ceremonia. Entonces en otra góndola un hombre se puso en pie y empezó a cantar. Valeria creyó reconocer una canción popular rusa que ya habían oído en alguna de las películas de Mikhalkov. Cuando concluyó la canción, un italiano le replicó desde otra góndola con Sempre, Sempre, Sempre. Piero quiso ver en aquella escena el auspicio de una estancia feliz, el preludio de la realización edificante de un sueño; y, como ocurría siempre, contagió su optimismo a Valeria. Tenía un don especial para transformar ante los ojos de su mujer la imagen del mundo. Por eso ella se dejaba llevar siempre, por eso había renunciado a la seguridad de su modesto negocio en Bolonia y había emprendido con él aquella aventura de final incierto.
.....El día de la inauguración Piero se había empeñado en desayunar en la habitación de las Musas. Bien sabía que sería la última vez, porque, tan pronto la ocupara el primer huésped, apenas tendrían ya ocasión de disfrutar de la ventana. Si alguna habitación podía funcionar a pleno rendimiento, sin duda era aquella. Valeria aceptó, pero tomó el café deprisa, urgida por el trabajo que aún restaba para el mediodía, momento en que llegaría un centenar de invitados. Se marchó dejándolo allí sentado, mientras él apuraba hasta el último sorbo con la mirada puesta en la turbamulta que a esa hora pronta ya inundaba el mercado, bajo la sombra prieta de los toldos verdes y azules, procedente de las calles aledañas y de los transbordadores que llegaban repletos desde el embarcadero de Santa Sofía.
.....Ante la tardanza de su marido, Valeria regresó a la habitación. Al cruzar el umbral presintió la sonrisa estremecedora de las Musas. El sol había trepado por el tapiz hasta iluminar lo más recóndito de sus pupilas, que permanecían fijas en el hueco de la ventana. A través de los barrotes del antepecho se veía asomar la punta de una baliza de madera que emergía en espiras azules desde el fondo lodoso del canal. Tal vez estaba allí, hundida en el lodo, mucho antes de que ellos compraran el edificio, pero era la primera vez que Valeria se fijaba en ella. Le extrañaba que su marido nunca hubiese mencionado ese obstáculo grosero justo delante de la ventana, y, sin embargo, tampoco su presencia parecía una impostura. La estaca emergía de la superficie del agua envuelta en el mismo halo secular que siempre había rodeado el tapiz de las Musas. El hotel quedó incomunicado por voluntad de su dueña, que cerró todas las contraventanas y desoyó el timbre del teléfono que su madre hacía sonar persistentemente desde Milán. En la oscuridad de las horas interminables, mientras combatía el desánimo jurándose no traicionar un sueño que nunca había sido enteramente suyo, rechazando el impulso de vender el hotel, regresar a Bolonia y montar una papelería como la que tuvo antes de casarse en via d’Azeglio, Valeria deambulaba por las estancias como una sombra de sí misma, esquivando los guiños de la luz que se colaba por los intersticios de las maderas podridas por la humedad. Solía detenerse en la habitación de las Musas y allí permanecía de pie, en medio de las sombras, sin encender la lámpara por temor a cegarlas. Entonces colocaba una vela pequeña debajo del tapiz, sobre el aparador, y en el resplandor trémulo las Musas movían los labios en un susurro sutil en el que Valeria esperaba hallar alguna confesión, alguna noticia, algún indicio que le permitiera comprender. Interrogaba a Melpómene, hurgando en la retina de sus ojos anclados en busca de respuestas que quizás se le habían escapado para siempre por no haber permanecido junto a Piero. Pero Melpómene no se inmutaba y seguía danzando; giraba la cabeza a la izquierda y sonreía a Apolo, que le devolvía la sonrisa con menosprecio de Valeria. Las Musas la veían entonces marcharse cercada por el resplandor titilante de la vela, mientras a la habitación retornaban poco a poco las tinieblas. Ellas sabían por experiencia que era cuestión de tiempo, que no tardaría en llegar otro intruso que abriría de nuevo la ventana para arrebatarles el único placer que les quedaba en la cárcel del tapiz: la contemplación de las aguas del Grande Canale de Venecia.

Sobre y bajo el mar


MAR DE ENCUENTRO
A mi padre

Clarea en la bocana del puerto cuando el pescador pone rumbo ciego a las rocas. No, no va a estrellarse. Son rocas submarinas bajo muchas brazas de agua. A esa hora temprana en que los rayos del sol apuntan tímidamente, cientos de pargos se dan cita al abrigo del roquedal. Allí, después de un desayuno de crustáceos y moluscos, charlan y deliberan profundamente sobre asuntos de su incumbencia. El pescador navega con instinto, siguiendo en el mar su propia estela de otras muchas alboradas. Una brisa menuda de Levante se enreda en las garruchas y cabos de estribor. Cuando va arribando al lugar, silencia la máquina hasta que el vientre del barco se posa suavemente en la justa verticalidad, y se sienta a esperar en la amura de babor con un pitillo en los labios. Entonces desde el fondo asciende un saludo coral que lo invita a sumarse a la conversación.

Parte informativo


Haití: largas secuelas del terremoto. Ya no es noticia.
Chile: Terremoto con tsunami. Noticia aún. Muertos y desaparecidos.
Cuba: Nueva revolución del pueblo: los muertos de hambre (Zapata sólo es el principio) contra la podredumbre castrista.
Venezuela: ETA, las FARC, Chávez y la sempiterna conspiración yanqui.
Irak: elecciones entre bombas.
EEUU: el atolladero de las elecciones entre bombas y la retirada (¿?) del ejército en Irak.

ESPAÑA:

1) "No me gusta que a los toros te pongas la minifalda..." Póngale la música escobarina en la Comunidad de Madrid y acompáñese en Cataluña con la guitarra de Peret.
2) El capo Bigotes versus el juez Garzón. O el estreno de El intercambio versión Spanish en las salas supremas (de justicia).
3) I need Spain...

Discurso de género


(Pronunciada y pronunciado ante oyentas y escuchantas y oyentes y eschuchantes entregadas y entregados, fervorosas y fervorosos aplaudidoras y aplaudidores)

Estimadas amigas y estimados amigos, bien sabéis todas y todos que es para mí un gran honor ser vuestro director, y aún lo es más porque sustituyo en la carga y el cargo a la que ha sido para todas las trabajadoras y todos los trabajadores una excelenta directora. Después de estos años tan difíciles (seguro que las veteranas y los veteranos no recuerdan una época así), ya parece vislumbrarse una salida con su correspondiente salido. Debéis ser optimistas y optimistos, como miembras y miembros que ya estáis incardinadas e incardinados en la senda del futuro. Porque trazar las avenidas del futuro es la tarea y el tareo que juntas y juntos emprendemos en este mismo instante, comprometidas y comprometidos cada una de vosotras y cada uno de nosotros con la superviviencia de ésta que es la casa y el caso de todas y todos. Porque si este barco se hunde, como náufragas y náufragos deambularemos por las arenas y arenos de cualquier playa y playo, y ni siquiera (ni siquiero) nuestras amigas y nuestros amigos podrán socorrernas y socorrernos, sin duda ni dudo necesitadas y necesitados de ayuda y ayudo también ellas y ellos. Así que ánimo y ánima, compañeros y compañeras, subamos por las escaleras y los escaleros que llevan hasta el éxito perfecto y perfecta, hasta la plena satisfacción y el pleno gozo de las unas y los unos. Segidme voluntariosas y voluntariosos en este empeño y empeña: sembraremos la semilla y el semillo para que nuestras hijas y nuestros hijos, nuestras nietas y nuestros nietos puedan algún día disfrutar de las frutas y los frutos que vosotras y nosotros les legaremos. Salud a todas y a todos, sin excepción, amigas y amigos del alma y almo.

No estamos solos


JABALÍN,
ERES UN HIJO DE LA REPUTA


Así, sin más, en fuente Arial, letra tamaño 72 pt., centrado en la página del documento word, estirado a su vez de cabo a rabo en la pantalla de mi pc. Que me titulen así no me escandaliza, ni me asusta que el ordenador se haya encendido mientras dormía la siesta, ni temo haber dejado de vivir solo en este minúsculo apartamento. Lo que de verdad me jode es que el desgraciado o desgraciada escribiente me haya recordado un mote de la escuela que yo creía definitivamente enterrado.

(Jabalí en Doñana. Fuente: Silenos)

JRJ el día de la tormenta perfecta


El sábado pasado, pocas horas antes de que la tormenta perfecta barriese, cual anticipo del Apocalipsis, la Península, visitamos la Casa-Museo de Juan Ramón Jiménez y Zenobia en Moguer. Descubro entre los libros de la biblioteca a un Eurípides en rústica y un Horacio encuadernado en piel con ribetes de oro. ¡Cómo no iba a estar el gran lírico latino entre los libros del gran lírico español! Me entretengo con las menudencias de los objetos personales, y me llaman la atención dos cámaras de retratar de las de entonces, más parecidas a un molinillo de café que a las sofisticadas digitales de ahora. Luego me quedo sorprendido por los frutos pictóricos de esa otra pasión de JRJ, aspecto que ya conocía, pero que no había calibrado justamente. La casa moguereña alberga también un ramillete del Platero y yo internacional. Esos títulos, con caracteres tipográficos tan ajenos a nuestra memoria lectora, parecen hablar de otro burrito, de otro poeta. Hay en esta Casa-Museo una presencia notable de Zenobia (en vídeos y documentos), lo cual es digno de elogio. Camino de La Rábida me pregunto si esta visita ha cambiado en algo mi visión del poeta, mi admiración por sus versos. En algo se equivocó JRJ: él se iría, pero también quedaría como pájaro cantando.