El último campeón

Supe de tu triste final. Desde entonces desapareciste de mi mente. No eres una persona agradable cuya memoria guste evocar. Representas una buena parte de lo peor que hay en los humanos, sus peores vicios, la vanidad, la soberbia, la ambición desmedida, el desprecio por los otros. Decidí no pensar nunca más en ti. Pero la otra noche te cruzaste de nuevo en mi camino. Ebrio y delirante, salías de un bar y cuando nos reconocimos tardaste en reaccionar.

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Entre por qués y porques


Razones laborales me han impedido en las dos últimas semanas atender el baile de estos silenos como ellos merecen. Ahora que he podido salir un rato al recreo, dejo aquí algunas cuestiones que me asaltan a menudo, cual un machacón ritornelo, supongo que para que no me olvide de que la vida acontece en el exiguo e inestable espacio que hay entre los por qués y los porques. Agradecería un poco de ayuda en este trance vital, pues sé que entre mis lectores hay cráneos privilegiados. Aunque también sé que la propia vida es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

1.- ¿Por qué se ha extendido tanto entre los escritores el abuso del impersonal UNO, convertido ahora en el más personal y determinado de los pronombres?
2.- ¿Por qué el buenismo zapateril ha creado escuela incluso entre los blogueros, de suerte que cada vez proliferan más comentarios del tipo qué bueno, qué bien escribes, justo lo que yo pensaba, no puedo vivir sin tu blog, eres el más guay de la red? ¿Tanto cuesta decir públicamente, por ejemplo, pues no, ese libro que tanto elogias es un mal libro? (Cf. Ridao)
3.- ¿Por qué los relojes parados siempre indican las diez y diez? ¿Acaso en ese justo instante arrancó la maquinaria de la Creación?
4.- ¿Por qué nadie ha inventado todavía un filtro contra los majaderos de internet?
5.- ¿Por qué entre el saxo y el sexo sólo media un intervalo musical?
6.- ¿Por qué cuando nos secamos con la toalla después de la ducha siempre hacemos el mismo recorrido por la faz de nuestro cuerpo? ¿Tan poca capacidad de improvisación tenemos?
7.- ¿Por qué política y estupidez son una pareja tan bien avenida, tan lujuriosamente avenida? ¿Tanto hemos degenerado desde los tiempos de Platón?
8.- ¿Por qué hay tantos cantantes en este país que parecen egresados de una comparsa del Carnaval de Cádiz, paladines del falsete y el rictus lacrimógeno?
9.- ¿Por qué ya no suena en mi calle de jugar el caramillo del afilador?
10.- ¿Por qué UNO escribe en los blogs guays de los amigos desde la diez y diez de la mañana, expuesto a la majadería que se cuela por las rendijas de la red, luego de una noche de saxo que culmina con el repaso circular de la toalla, mientras en la radio se cuecen en el mismo fuego las memeces políticas y el llanto lastimero de los andilucas, cuando lo que UNO querría de verdad es seguir oyendo la música de reclamo del afilador por esas calles inexistentes de la niñez?