Adiós de los Silenos

Queridos amigos, después de mucho pensarlo (que si sí, que si no, que si sí...), el corifeo de estos Silenos ha decidido retirarles la licencia de baile o, lo que es lo mismo, a partir de hoy dejarán de bailar. La razón es bien simple: están cansandos de una danza que ya no despierta el interés de muchos de vosotros (ya apenas dejáis comentarios), como si hubieseis decicido emigrar a otras latitudes más amables. Como digo, lo he pensado mucho, porque sé que hay lectores incondicionales que (esos sí) nos echarán de menos. Pero es hora de cambios, de empezar una nueva andadura sin las cadenas de internet. Quizás alguien piense que, si no tienes una ventana en la red, no existes; sin embargo, todos existíamos antes y, si las Parcas lo permiten, seguiremos existiendo después de echar la persiana.
.....Ahora bien, que mis Silenos no bailen no significa que yo, corifeo en segundo plano, abandone la grata tarea de visitaros. Mientras la presbicia no lo impida, seguiré subiendo a la nave de los locos que navega por los mares literarios y convive en cada singladura con la tormenta en un vaso de agua; contemplaré esa columna de humo que asoma por el horizonte de la bahía gaditana, cercana al taller de los oficios del diletante, al sur de ese territorio mágico que es trópico de la Mancha; buscaré a los amigos por estos andurriales, aunque ello suponga el peligroso juego de poner la vida en el filo de una espada; haré nueva carrera con un máster en nubes y hurgaré en el subconciente de la memoria métrica, sin que ello signifique el abandono de los sueños en la memoria. Sé que alguien dirá ah de la vida, o tal vez atribuya esta despedida al humor mío, pero ha de saber que todo lo que nos rodea es un mero mercado de espejismos, menos grato que el Café Arcadia donde se sirve, en copas exquisitas, fuego con nieve. Como veis, las cosas no cambiarán mucho, porque, al margen de los días, seguirá habiendo antojos ultramar y una puerta falsa por la que seguiré sintiendo caricias perplejas o viajaré hasta la isla de Elca, el reino de Hansel en Baviera o el recién descubierto Japón de los libros. En definitiva, con una lágrima en el ojo izquierdo, que es el de las emociones inmediatas, me despido de todos vosotros para vivir los días de mis noches, tal vez con la imaginaria del alma. En cualquier caso, ha llegado la hora de dedicar el pasado que me espera a mi afición callada: una caña de pescar y el mar por montera.

Feliz Año 2011.