Un microrrelato con mucho miramiento


VOYEUR

A mi padre, que siempre navega

.....Delante de sus ojos, el mar del mediodía comprime sus márgenes y se encierra en el círculo de cristal. Tres puntos de color flotan dentro, sobre las olas relumbrantes. En el más cercano, el matrimonio del velero blanco hincha las velas arriadas con el soplo de sus aspavientos. Hasta en tres ocasiones, cuenta el observador, se repite la escena: el hombre, apoyado en una muleta, lanza una andanada de reproches contra la mujer y, sin dejar que ella replique, le da la espalda bronceada. Recuperados argumentos y fuerzas, se vuelve y la emprende de nuevo contra la mujer, que, sentada en la popa y cubierta con un sombrero de paja, guarda impasible silencio.
.....No mucho más allá, a la izquierda según la mirada del observador, un padre y sus dos hijos disponen aparejos y cañas mecidos por las ondas suaves. Atareados en la faena, a bordo de un barco rayado en azul y rojo, el padre les advierte de los sinsabores de la pesca y les enseña cómo la experiencia del marinero se forja percance a percance, zozobra a zozobra. Sin dejar de trajinar a bordo, los hijos asumen la lección con respetuoso silencio.
.....Más distante, entre los pescadores y el horizonte según la mirada del observador, un barquito neumático de color naranja navega a Poniente arrastrado por el flujo incontenible. Dentro hay un adolescente en bañador que alza las manos al cielo saludando y saludando hacia tierra, en dirección a la playa, donde cuatro chicos le devuelven los saludos y una chica corre por la orilla relatando la gesta de su amigo por el teléfono móvil.
.....Pero tal vez nada sea como parece. La realidad penetra en las lentes y se deforma en el tránsito estrecho de los tubos cilíndricos, hasta llegar mudada a la retina. Cansado del espectáculo, el observador abandona la terraza frente al mar y guarda los prismáticos en el cajón. Al expandirse la imagen, los tres puntos de color se pierden en la llanura azul. En el velero los jóvenes actores siguen ensayando la obra de Tenesse Williams, el patrón abronca a los jóvenes inexpertos por su negligencia en las artes pesqueras y el adolescente llora perdido, mientras en la orilla la chica ha logrado por fin alertar por teléfono a la patrullera de Salvamento Marítimo.