Desde que el alba...


Desde que el alba corre a presentarnos sus respetos un poco antes, recién despojados de las legañas que alargan la noche, no discierno el espacio de los sonidos. Hay sonidos nocturnos que se apagan durante el día, o permanecen activos en sordina, como ratones huidizos que buscan sus ratoneras. Y parece que también sucede lo contrario. Ahora, por ejemplo, oigo el run run de la lavadora y, más lejos, los bufidos metálicos de una grúa. ¿Quién puede asegurar que en la noche no mantengan su canto, suavizado para no despertar a los quejicas durmientes? ¿Quién puede decir con verdad que cada sonido se limita y recluye a su espacio de luz o sombra? Desde que el alba adelanta los sonidos y los ilumina, siento que la noche adelgaza sus paredes (a pesar de Caballero Bonald) y percibo cada vez más nítidamente el gorgoteo de sus tripas.

(Amanecer en Cabo de Palos, Murcia. Fuente: Silenos)