Un microrrelato para desmayarse


MEDIDAS PREVENTIVAS

......La primera vez que me desmayé, estaba cenando vichisoise en casa de mis padres. Sentí un apagón entre los ojos y, según me contaron después, caí de cara en el plato sopero. Yo no sentí nada, porque, como he dicho, estaba en pleno desmayo, pero más tarde me desperté en el hospital con quemaduras en la nariz y en los párpados que me han dejado estas cicatrices testimoniales.
......La segunda vez que me desmayé, estaba conduciendo y hablando por el móvil en un auto de choque en la feria de mi pueblo. Sentí el mismo apagón entre los ojos, acompañado de los compases de la canción del verano y, según me contaron después, mi cabeza se torció hacia la derecha como un pene flácido, justo en el instante en que dos autos arremetieron contra el mío por ambos flancos. Me desperté en el hospital con múltiples contusiones y una dolencia cervical que se acentúa cuando me siento al volante.
......La tercera vez que me desmayé, estaba participando en un concurso de natación en la piscina municipal. Sentí el mismo apagón entre los ojos y, según me contaron después, me hundí despacio, hasta que mis brazos y piernas en cruz se adhirieron a las baldosas celestes del fondo. Me desperté en el hospital con pesadez de estómago y ruiditos en los pulmones. Desde entonces vivo con un fastidioso gorgoteo visceral.
......Cada desmayo en activo me ha dejado terribles secuelas, y temo que esta extraña enfermedad me depare nuevos episodios en el futuro. Por ello tomé hace meses la firme determinación de pasar el resto de mis días en pasivo, sin salir de la cama del hospital. Así me ahorro los viajes en ambulancia y me lo cuentan todo de primera mano. Sólo espero no desmayarme durante las visitas que me hace por las noches Alfredo, mi dulce enfermero, por más que ambos perdamos el conocimiento.