De escribir, borrar y los espacios intermedios


Si algo tengo en estos días, es tiempo para escribir. Pero el tiempo no basta. Ni siquiera basta una idea, por muchas bondades que regale en el saludo. Lo preciso, lo imprescindible es la satisfacción de lo escrito, un pájaro extraño que cambia de plumaje según el clima, la luz o la hospitalidad de la rama en que se pose. Por culpa de este pájaro hoy he desechado, roto o tirado al sumidero del PC cuanto ayer me pareció decente (en el sentido etimológico del término: "apropiado"), y me temo que parte de lo que hoy he estimado digno, mañana será hoja caduca, pasto de las llamas de agosto. Lo mismo que un cirujano no abre dos veces el mismo cuerpo, tampoco un juez juzga dos veces el mismo caso. ¡Qué poco valor damos a los espacios intermedios, al entretanto, al interludio, al ínterin..., pero ahí es donde siempre nos jugamos el tipo!