Anoche soñé, insólita ilusión...


....Anoche tuve un sueño con ribetes literarios y guiños surrealistas. No sé si el culpable de ese gazpacho es este abandonarse a las olas, o el hartón de ibuprofeno y analgésicos que me estoy dando desde hace tres días por mor de una muela muy dolorosa. La historia, según la recuerdo a esta hora de la mañana, es como sigue.
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.....Acababa yo de regresar de una estancia de varios meses en el extranjero y venía con otra luz en el rostro y algo de olvido de antaño. Ya en casa, no tardó en ponerse en contacto conmigo un joven editor, para comunicarme que mi cómic estaba casi a punto de ir a la imprenta, pero faltaban algunos detalles. Corrí a la editorial ilusionado con la salida de un libro que no recordaba haber escrito o, mejor dicho, ilustrado. Según el editor, como yo había dejado los globos en blanco, ya que los textos estaban en un archivo aparte, y tampoco había dado instrucciones para saber a quién le correspondían qué palabras, ahora debía proceder a darle voz a los personajes. Me fui de allí confuso por tan extraño parto. Lo único que se me ocurrió fue telefonear a un amigo y preguntarle si sabía si, antes de irme al extranjero, yo había terminado y entregado en la editorial un volumen de cómic. No sólo me respondió que era todo todito mío, sino que me devolvió una clave que supuestamente yo le había entregado para la correcta ordenación de los diálogos: MANTEQUILLA. Cada una de las letras -me explicó- correspondía a uno de los personajes, cuyo nombre empezaba por dicha letra (Maltuz, Antistes, Numenio... y así). Comenzando por el primer texto y siguiendo este orden de manera circular, cada globo iría llenándose con las palabras asignadas. Aunque sabía algo más que al principio, seguí deambulando por la calle sin reconocer a los personajes, y cada vez más asustado de que aquello hubiese salido de mi huerto y yo no lo reconociera ni con pistas. Casualmente me encontré con un matrimonio amigo y caí en la cuenta de que él era hombre ingenioso, perito en la conversación, y le pregunté si él era mi guionista. Pero no. Seguí en busca del misterioso colaborador que me sacase de aquel atolladero, cuando sentí repentina sed y entré en un bar. Sentados en la barra había dos viejos de aspecto abandonado bebiendo vino. Ella tenía las gafas de miope y los labios finos de la mecanógrafa que ha dedicado más de cuarenta años a dictarse el propio guión de su vida. Me acerqué y le pregunté si era ella, al fin, mi guionista. Los dos me sonrieron sin decir palabra. Entonces la vieja le pidió al camarero que les llenara las copas del mismo moscatel. Cuando el joven les demandó señalando las botellas abiertas cuál era la marca que estaban bebiendo, la vieja respondió:
.....- Esa, esa, la que pone NOLOTIL.