L'Immagine Ritrovata (en el recuerdo)



Hoy trae El País un artículo ("Películas en la UCI") que me ha devuelto al verano de 2002. Está dedicado a L'Immagine Ritrovata, ese hermoso proyecto que comenzó en Bolonia una década antes, en 1992, hijo de los recursos municipales, y que ha crecido ya hasta convertirse en una referencia mundial en la recuperación, mediante técnicas fotoquímicas y digitales, de películas antiguas, mudas o no, dañadas por el tiempo. Después de la delicada restauración, algunas de esas joyas son proyectadas gratuitamente cada mes de julio en la Piazza Maggiore, convertida en ocasional cine de verano, ante la majestuosa e inconclusa basílica de San Petronio. Gracias a una beca del MEC y por mor de un proyecto de investigación, en 2002 pasé los meses de julio, agosto y septiembre en la Universidad de esta bella y culta ciudad del norte de Italia. Frecuentamos mucho esa plaza, corazón de la urbe con más soportales -eso dicen- del mundo, en las tórridas tardes italianas. Y algunas noches acudimos a ese mágico cine, siempre repleto, en especial de los boloñeses o inmigrantes que no podían permitirse escaparse a las playas del Adriático, así como de los pocos turistas que recalaban por allí camino (o de vuelta) de las castigadas Florencia y Venecia. Recuerdo especialmente dos cosas: el silencio respetuoso y ejemplar del público, y la proyección de El ladrón de bicicletas (en plural en el original: Ladri di biciclete, 1948) de Vittorio de Sica. Mi hija (una bella bimba, según la piropeaban), que entonces tenía tres años y medio, lloró emocionada ante las vicisitudes de los inolvidables Enzo Staiola y Lamberto Maggiorani. Lástima que no recuerde nada de aquello, pero para eso estamos su madre y yo (y ahora esta entrada), para recordarle que aquella noche tuvo un privilegio pocas veces repetible.