Estampas de Cabo de Palos: Lo que no ven los ojos dormidos


Así amanece cada día en la costa de Cabo de Palos (Murcia). Recién abiertos por el calor, invocando la brisa tempranera que ya empieza a enredarse en las pitas del acantilado, los ojos humanos se asoman al Mediterráneo y, sin esperarlo, se encuentran con este espectáculo portentoso e irrepetible, por más que suceda cada jornada. Entonces viene al recuerdo la creencia antigua según la cual, durante la noche, el carro del sol recorre un camino de bóvedas secretas por el interior de la tierra, para volver a salir y hacerse visible a la hora mágica del alba. De esa tierra interior y submarina emerge ahora, apaciguados sus rayos aún por este baño matutino que queda prendido en sus pies, como quedan prendidas las horas felices que se resisten, chorreantes, a caer en el olvido.