Deseos estivales


ESPEJISMO (UNISEX) DE VERANO

Estaba en su sitio, junto a la roca de arenisca desprendida del pequeño acantilado. De espaldas al sol, de cara sobre la toalla, los ojos cerrados delante de una revista estival. Los deseos, cuando vienen, nunca vienen solos, y suelen venir revueltos. Como cada día, deseé acariciar su cuerpo: subir el promontorio de los talones, ascender por la larga pendiente de las piernas, escalar sin prisas las dos cumbres hermanas de su culo, descender a la llanura de la espalda y descansar al fin en la umbría de su cabello negro y salino. Pero, ante estos espejismos de verano, lo mejor es conformarse con bajar la mirada y hundir la mano en la arena, buscando, como en la inocente niñez, el frescor en lo profundo. Y si las ganas arrecian, intentar el asalto por túneles bajo tierra.