Cine de verano, eclipse y sacrificio estival



.....Hay sacrificios que se hacen con voluntad de martirio; hay otros que se hacen sin saberlo, o, aunque se intuya cierto trance doloroso al principio, sin imaginar que esa punzada inicial en las entrañas puede devenir sacrificio con víctima propiciatoria, mola salsa y altar humeante. Y dirán mis lectores a santo de qué tanto preámbulo.

.. .Más de una vez he cantado las bonanzas de los cines de verano, algo de lo que mi generación y generaciones anteriores gozábamos cada año. Mis recuerdos están unidos al perfume de dama de noche, a la brisa nocturna que emergía del mar y a las voces y exabruptos de algunos espectadores expertos en comentar la película a voz en grito.

.. .Aquí, donde suelo veranear, hay un cine de verano con tres salas. Pocas cosas más toscas se ven en la zona: cuatro altas paredes principales, hasta hace poco con el enfoscado a la vista, y tabiques paredaños añadidos para que el proyecto no pierda el tren de los multicines. El suelo es de grava, y junto a los millones de guijas duermen otras tantas cáscaras de pipas, lo cual siempre me hace pensar que la función de un suelo tan polvoriento e irregular es precisamente disimular dichos despojos diminutos; o lo que es lo mismo, eximir de la ardua tarea de barrer un cine triple.

.. .Si soy más exigente en los cines de invierno, apenas lo soy en los de verano. Un bocata, una cerveza y un paquete de pipas bajo las estrellas suelen compensar cualquier despropósito. Sin embargo, anteayer sucedió lo contrario. Propuse a mi mujer, a mi hija y a una amiguita de la misma edad (11 años) ver la última entrega de Shrek. En la entrada del cine se sumó otra amiguita, aunque ésta ya había visto la película. En cartel estaban además Toy Story y Eclipse. Cambiamos allí mismo por ésta última, que las tres niñas pidieron con vehemencia. En mi ignorancia, y con ayuda de la cartelería, sólo alcancé a saber que es una de la saga de Crepúsculo: pasto para adolescentes.

.. .Jamás conocí bodrio tal. A los diez minutos, eché una mirada a mi reloj y comprendí que el martirio no había hecho más que empezar. Poco después le confesé a mi mujer que no me enteraba de nada, salvo de que unos niños blancos, pijos y guapos, discutían con otros niños guapos, pieles rojas, lobos de ocasión. Vampiros y licántropos a la greña a plena luz del día, con el instituto y la graduación como fondo de decorado. Sin esfuerzo (por repetido en la película hasta el hartazgo) supe que una moza humana con ansias eternas de sangre estaba en el ojo del huracán. Repito, nunca he visto nada peor. Actores inexpresivos, diálogos estúpidos, argumento insustancial, el manido amor de dos jóvenes por la niña más guay del instituto. Y entre tanto mordisco y rotura de miembros (¿de escayola?), mensajes conservadores: el matrimonio y el sexo, por este orden. Para colmo, de las dos salas contiguas llegaban continuamente sonidos de escenas trepidantes y lluvia de griterío. Mientras yo me revolvía en la silla de plástico, terminado ya el paquete de pipas, mirando el reloj y deseando que acabase aquel suplicio, era evidente que a ambos lados bullía la acción.

. ..Han pasado pocas horas y aún siento las manos del arúspice hurgando en mis entrañas sobre el altar. Espero, al menos, que el pronóstico haya sido bueno. Parece que mañana puede llover sobre la isla de Siltolá...