Aurora Luque y Hércules náufrago



Traída por el viento del este, anunciada por rosáceos dedos, Aurora Luque llega a Cádiz para poner voz y poesía al Hércules Gaditano, al héroe de bronce que hace casi dos décadas emergió de las aguas de Occidente como náufrago mutilado y mordido en las profundidades. Llega Aurora, pues, a los confines del mundo conocido en la Antigüedad, semillero de prodigios y surtidor de islas y jardines míticos. Invitada por la Asociación Qultura, llega para clausurar la temporada de esa hermosa iniciativa que es "Voces en el Museo". Una reliquia y una voz que la glosa, la celebra, la ilumina. Y lo hace Aurora con la calidez de sus versos y el sustento de otros poetas. Porque este Hércules cojo y manco fue una vez íntegro viajero, castigador de monstruos y buscador de tesoros imposibles. Como las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides, que acaso llevaba, cual preciado racimo, en la mano izquierda ahora cercenada. Ahí se detiene Aurora, cautiva del jardín y sus espesuras, y logra salir suspendida en la cresta de las olas en dirección a las aguas aledañas del templo de Melqart-Hércules, en el islote, aplanado por los vientos, de Sancti Petri. Va y viene Aurora de Oriente a Occidente, de Grecia a Hesperia, con las alforjas repletas de versos luminosos. Si este Hércules se detuvo alguna vez en la célebre encrucijada, condenado a elegir entre la sabiduría y la belleza material, no hay duda de que preguntó a Aurora qué camino debía tomar.



(Aurora Luque ante la estatuilla. Pilar Vera presentando a Aurora. Fotos de Ana Rodríguez Tenorio)