"Sé tú mismo", o el necio filosofar



No creo que haya frase más repetida en el cine norteamericano de los últimos treinta años que "Sé tú mismo". Una memez que también se oye por estos lares, pero a pie de calle. Quienes la pronuncian suelen quedarse bien satisfechos, como si en la boca les quedara un cierto regusto. ¿Regusto a qué? A seudo-filosofía, a la que son muy dados los simplones (no sólo los norteamericanos). Imagino que algún lector espetará: "Hombre, que tiene su significado, que ese "mismo" es enfático, que es una exhortación a no caer en imposturas." Bien. Bien. Aunque para decir eso no hace falta recurrir a la manida expresión. Podríamos decir, por ejemplo: "No cambies", o "Procura ser fiel a tus convicciones". U otras semejantes. Porque ese "sé tú mismo" es un remedo del aforismo griego inscrito en el templo de Apolo en Delfos: γνῶθι σεαυτόν (en latín Nosce te ipsum: "Conócete a ti mismo"), atribuido a varios sabios griegos, entre ellos a Tales de Mileto, según Diógenes Laercio. Pero si éste era una advertencia al hombre para que asumiera sus limitaciones humanas, sobre todo en el conocimiento, con "Sé tú mismo" se expresa una pedantesca obviedad, porque nadie pueder ser "otro mismo" ("otra mismidad", diría Carlos Herrera). El don de la otredad, por ahora, sólo es posible ante la magia del espejo.



(Imagen: Museo de Antropología de Madrid,

con Nosce te ipsum en la fachada)