Amaneceres


Suelo despertarme cuando el crepúsculo matutino empieza a rasgar las sombras. Espacio y tiempo de nadie, tan sólo de los pájaros arrulladores. A esa hora, mi casa es un mirador en las alturas por encima del sol y la bahía. Salgo a la terraza, paseo por ella en busca de los cantos tempraneros, y a menudo se me escapa una gaviota en alas de una carcajada. Entonces me doy cuenta de que sigo aquí, en una casa-barco anclada en una ciudad-isla que a veces se queda al pairo largo rato... Hasta que el olor del café me devuelve a la orilla.