Sobre y bajo el mar


MAR DE ENCUENTRO
A mi padre

Clarea en la bocana del puerto cuando el pescador pone rumbo ciego a las rocas. No, no va a estrellarse. Son rocas submarinas bajo muchas brazas de agua. A esa hora temprana en que los rayos del sol apuntan tímidamente, cientos de pargos se dan cita al abrigo del roquedal. Allí, después de un desayuno de crustáceos y moluscos, charlan y deliberan profundamente sobre asuntos de su incumbencia. El pescador navega con instinto, siguiendo en el mar su propia estela de otras muchas alboradas. Una brisa menuda de Levante se enreda en las garruchas y cabos de estribor. Cuando va arribando al lugar, silencia la máquina hasta que el vientre del barco se posa suavemente en la justa verticalidad, y se sienta a esperar en la amura de babor con un pitillo en los labios. Entonces desde el fondo asciende un saludo coral que lo invita a sumarse a la conversación.