Un microrrelato para la decepción


LA CONVOCATORIA

Me lo repitieron durante años. Me dijeron que estaríamos todas, que ninguna sería excluida de esta reunión planetaria. Millones de almas responderían a la convocatoria desde los lugares más distantes de la Tierra y, congregadas en una planicie infinita bajo un sol de justicia, esperaríamos pacientemente nuestro turno. El mayor enjambre jamás conocido en el cielo. El más gigantesco y vistoso traje multicolor de la historia de la Humanidad. Ignorantes, nerviosas, asustadas, resignadas a un porvenir ignoto, la trompa del heraldo esparciría sobre las nubes nuestro nombre. Aflorarían los mejores sentimientos y la conciencia de un destino común insoslayable obraría el milagro de un hermanamiento perpetuo. Bonhomía de última hora. Besos y abrazos de encuentro y despedida. Me lo dijeron. No recuerdo quiénes. Pero ya no importa. Estoy sola en este oscuro y frío banquillo y me temo que ni siquiera va a presentarse el Juez Supremo.

(Juicio Final, de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina)