El mejor amigo del hombre

El mejor amigo del hombre es su cuarto de baño. Mi suegro dice que el mejor amigo del hombre es el huevo frito. En efecto, si por un desafortunado lance del destino caemos en manos de un cocinero desaprensivo siempre podemos poner cara compungida y con una sonrisa avergonzada preguntar: ¿por favor, no podría tomar un huevo frito? Creo, sin embargo, que la relación con el cuarto de baño es más profunda. Comparte algunos de nuestros momentos más felices y también los más desgraciados. Conoce nuestra más reservada intimidad y nos ha visto en situaciones que jamás querríamos que fuesen conocidas. Ni siquiera las personas más allegadas comparten con nosotros el grado de intimidad que tenemos con el cuarto de baño. Solo pensar en que hiciese públicos los secretos que le hemos confiado nos llenaría de horror.

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El becario enamorado

Estaba tan confundido que no reparé en qué piso se abrió la puerta del ascensor. Tendría que conocer usted a María. Era fácil aturdirse en su presencia. Incluso en su ausencia me bastaba recordar su sonrisa para caer en el más completo atolondramiento. El caso es que debería haberme dado cuenta que no era la planta de salida, pero avancé maquinalmente hasta encontrarme en un vestíbulo desierto que en nada se asemejaba al lujo del resto del edificio. Aunque la verdad, camarero, no creo que pueda seguir contándole nada a menos que me ponga otra copa. Otro güisqui con coca. El tercero de la tarde. ¿O es el cuarto?

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Yo no he leído Millenium

El manatí emergió a la superficie del agua y con dos brazadas alcanzó las escaleras de la piscina. Levantó su corpulenta mole hasta la altura del borde, con decisión mientras parte de su cuerpo estaba aún en el agua, más despacio cuando la gravedad tiró de sus carnes hacia abajo. Graciosamente se sacudió las gotas de agua de su bronceada piel, respiró hasta el fondo con la satisfacción de haber realizado su cuota diaria de ejercicio físico y se dirigió a la tumbona con parsimonia. Una vez allí, se colocó las gafas de sol y retomó la lectura de Millenium.

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Neuronas

– El gusano de tierra o lombriz común es uno de los seres con el sistema nervioso más simple. Poco más de mil neuronas. Nada en comparación con los cien billones de neuronas que tiene un humano. A pesar de ello, modelizar su sistema nervioso en un superordenador es una tarea colosal. Y yo voy a ser el primero en hacerlo. De ahí la importancia de mi trabajo. ¿Comprendes, Irina?
– Sí cariño. ¡Eres tan rico!
– Irina, por favor. Estoy hablando en serio
– Claro, cariño

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A bordo de Juguetón

Cuando llegué a casa, las niñas ya se habían bañado y estaban acabando de cenar. Las mejillas sonrosadas y los ojos cansados daban muestras de lo largo que había sido el día.
- ¿Que tal niñas, como estáis?
- Bien, ¿donde has estado, papá?- pregunta Marina, la mayor.
- He estado navegando.
- ¿Navegando? ¿donde?- los ojos de Maite se iluminan.
- ¿Conocéis a mi amigo Juan? Pues tiene un barquito de vela que se llama Juguetón y hemos ido al pantano que está aquí al lado. Hacía una tarde estupenda y hemos salido con un vientecito muy rico. Todo iba fenomenal y de lo más tranquilo, pero el caso es que poco a poco nos han sucedido mil aventuras.

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La frutería de Flora

- Buenos días, Flora, es decir, Consuelo.
- Flora está bien.
- ¿Es demasiado tarde?
- No, aún no iba a cerrar. Adelante, David.
Mmm, David. ¡Como me gusta este hombre! Bueno, no solo este. En general me gustan los hombres. Me enloquecen. Me gustan más que comer con los dedos. De entre todos los placeres de la vida es el que más me gusta. Entendámonos, no es que pierda los papeles por ellos ni que corra descerebrada ante el primero que pase, pero cuando encuentro uno que me gusta, no me reservo.

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Media docena de muertos

A las once de la mañana, Bernabé Cabrejas Cabrejas pidió permiso para ausentarse de la frutería en la que trabajaba. Pese a lo inhabitual de la petición y dado que aún no había muchos clientes, su jefe se lo concedió sin pedirle explicaciones. No tardes, fue su única observación. El frescor de la mañana aún no se había disipado y aunque la primavera estaba avanzada y los días venían siendo calurosos, la temperatura era muy agradable. Bernabé caminó por la calle de las Angustias los escasos doscientos metros que le separaban de su casa y una vez en ella subió con presteza los dos tramos de escalera que llevaban hasta su vivienda. Se dirigió al dormitorio y extrajo de un altillo la pistola que había escondido dos días atrás. Sin poner en ello especial cuidado la introdujo en una bolsa de papel de las de envolver botellas y salió de nuevo a la calle.

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Bienvenida

Poco a poco iré colgando diversos cuentos y otros contenidos.
Espero que os gusten